¿Quién es la luz del mundo sino el Hijo de Dios? Ésta, pues, es meramente una afirmación de la verdad acerca de ti mismo. Es lo opuesto de una afirmación de orgullo, de arrogancia o de autoengaño. No describe el concepto de ti mismo que has hecho. No se refiere a ninguna de las características con las que has dotado a tus ídolos. Se refiere a ti tal como fuiste creado por Dios. Simplemente enuncia la verdad.
Para el ego, la idea de hoy es el epítome de la autoglorificación. Pero el ego no entiende la humildad, y la confunde con el autodesprecio. La humildad consiste en aceptar tu papel en la salvación, y en no asumir ningún otro. No es humildad insistir en que no puedes ser la luz del mundo, si ésa es la función que Dios te asignó. Sólo la arrogancia afirmaría que esta función no puede ser para ti, y la arrogancia es siempre del ego.
La verdadera humildad requiere que aceptes la idea de hoy porque es la Voz de Dios la que te dice que es verdadera. Éste es un paso inicial para aceptar tu función real en la tierra. Es una zancada gigantesca hacia ocupar tu lugar legítimo en la salvación. Es una afirmación positiva de tu derecho a ser salvado, y un reconocimiento del poder que se te da para salvar a otros.
Querrás pensar en esta idea con la mayor frecuencia posible hoy. Es la respuesta perfecta a todas las ilusiones, y por lo tanto a toda tentación. Lleva a la verdad todas las imágenes que has hecho acerca de ti mismo, y te ayuda a partir en paz, sin cargas y seguro de tu propósito.
Hoy deben emprenderse tantos períodos de práctica como sea posible, aunque cada uno no necesita exceder de un minuto o dos. Deben comenzar diciéndote:
Soy la luz del mundo.
Ésa es mi única función.
Por eso estoy aquí.
Luego piensa en estas afirmaciones durante un rato breve, preferiblemente con los ojos cerrados si la situación lo permite. Deja que te vengan algunos pensamientos afines, y repítete la idea si tu mente se aleja del pensamiento central.
Asegúrate de comenzar y terminar el día con un período de práctica. Así despertarás con un reconocimiento de la verdad acerca de ti mismo, la reforzarás a lo largo del día, y te volverás hacia el sueño reafirmando tu función y tu único propósito aquí. Estos dos períodos de práctica pueden ser más largos que los demás, si te resultan útiles y quieres prolongarlos.
La idea de hoy va mucho más allá de las mezquinas opiniones del ego acerca de lo que eres y de cuál es tu propósito. Como portador de la salvación, esto es obviamente necesario. Éste es el primero de varios pasos gigantescos que daremos en las próximas semanas. Procura hoy empezar a construir una base firme para estos avances.
Eres la luz del mundo. Dios ha construido Su plan para la salvación de Su Hijo sobre ti.
✨ Resumen y puesta en práctica
Eres la luz del mundo, y eso no es orgullo, es la verdad más sencilla. Esta lección te pide que veas que la humildad no es rebajarte diciendo « no puedo ser la luz ». La verdadera humildad es aceptar la función que Dios te ha dado. El ego confunde la humildad con el rebajamiento de uno mismo, pero tú estás llamado a reconocer que eres la luz porque Dios te creó así.
La idea central es conmovedora de sencillez: si eres la luz del mundo, entonces tu única razón de ser aquí es llevar esa luz. Cada vez que repites « Soy la luz del mundo », desmientes todas las ilusiones que has hecho sobre ti mismo. No pides llegar a ser la luz: reconoces que ya lo eres. Es la respuesta perfecta a toda tentación, porque la tentación no es más que una invitación a olvidar quién eres.
Esta lección es el fundamento de todo lo que sigue. Las lecciones 61 a 80 forman un bloque coherente: primero eres la luz (61), luego tu función es el perdón (62), luego traes la paz por medio de tu perdón (63). Cada lección construye sobre la anterior. La lección 61 pone la base esencial: sin esta identidad reconocida, nada de lo que sigue tendría sentido. Las lecciones futuras explorarán las implicaciones de esta luz que eres.
Ponlo en práctica hoy mirándote en un espejo y diciendo en voz alta: « Soy la luz del mundo. Esta es mi única función. Por eso estoy aquí. » Hazlo varias veces durante el día, cerrando los ojos si es posible. Cuando se presente una situación difícil, recuerda: eres la luz, y la luz no se deja intimidar por las tinieblas.
Recuerda: no aprendes a llegar a ser quien eres, aprendes simplemente a reconocer que siempre lo has sido.
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