Repasemos hoy estas ideas:
[31] No soy la víctima del mundo que veo.
¿Cómo puedo ser la víctima de un mundo que puede ser completamente deshecho si así lo elijo? Mis cadenas están aflojadas. Puedo soltarlas simplemente deseándolo. La puerta de la prisión está abierta. Puedo salir de ella simplemente caminando hacia fuera. Nada me retiene en este mundo. Sólo mi deseo de quedarme me mantiene prisionero. Renunciaría a los deseos demenciales, y caminaría por fin hacia la luz del sol.
[32] He inventado el mundo que veo.
Inventé la prisión en la que me veo. Todo lo que necesito hacer es reconocerlo, y soy libre. Me he engañado creyendo que es posible aprisionar al Hijo de Dios. Estaba amargamente equivocado en esta creencia, que ya no quiero. El Hijo de Dios debe ser libre para siempre. Es tal como Dios lo creó, y no lo que yo haría de él. Está donde Dios quiere que esté, y no donde yo pensé mantenerlo prisionero.
[33] Hay otra manera de mirar el mundo.
Puesto que el propósito del mundo no es el que yo le atribuí, debe haber otra manera de mirarlo. Veo todo al revés, y mis pensamientos son lo opuesto a la verdad. Veo el mundo como una prisión para el Hijo de Dios. Debe ser, entonces, que el mundo es en realidad un lugar donde él puede ser liberado. Quisiera mirar el mundo como es, y verlo como un lugar donde el Hijo de Dios encuentra su libertad.
[34] Podría ver paz en lugar de esto.
Cuando vea el mundo como un lugar de libertad, me daré cuenta de que refleja las leyes de Dios en lugar de las reglas que inventé para que obedeciera. Comprenderé que en él mora la paz, no la guerra. Y percibiré que la paz mora también en el corazón de todos los que comparten este lugar conmigo.
[35] Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo.
Al compartir la paz del mundo con mis hermanos, empiezo a entender que esta paz proviene de lo más profundo de mí mismo. El mundo que
miro ha adquirido la luz de mi perdón, y me devuelve resplandeciendo perdón. En esta luz, empiezo a ver lo que mis ilusiones acerca de mí mismo habían mantenido oculto. Empiezo a comprender la santidad de todas las cosas vivientes, incluido yo mismo, y su unidad conmigo.
✨ Resumen y puesta en práctica
No eres una víctima, no has inventado una prisión, y puedes elegir la paz.
El repaso de las lecciones 31 a 35 es una declaración de libertad pura. Este período de repaso es crucial porque aborda las últimas resistencias del ego: la victimización, la creencia de estar atrapado, la idea de que solo hay una manera de ver, la convicción de que la paz no es posible, y el olvido de tu santidad. Al repasar estas cinco lecciones, consolidas las armas espirituales que te permiten deshacer todo sentimiento de impotencia.
No eres víctima del mundo que ves. ¿Cómo podrías serlo, de un mundo que puede deshacerse por completo si eliges que así sea? La puerta de la prisión está abierta. Puedes marcharte simplemente saliendo. Has inventado la prisión en la que te ves. El Hijo de Dios debe ser libre para siempre. Hay otra manera de mirar el mundo: como un lugar donde el Hijo de Dios encuentra su libertad, no como una celda.
Podrías ver paz en lugar de guerra. La idea de que tu mente es parte de la de Dios establece tu santidad. El repaso te ofrece una nueva percepción de ti mismo, fundada ya no en las heridas del pasado sino en tu verdadera identidad. Cada lección repasada es una capa más que se deposita sobre tu mente, reforzando la verdad que ya está en ti. Eres libre, y esa libertad se manifiesta en cada elección de percepción.
Puesta en práctica:
Hoy, cada vez que te sientas atrapado o víctima, recuerda que la puerta está abierta. Repite: « No soy víctima del mundo que veo. He inventado este mundo y puedo elegir la paz. »
La libertad no es algo que obtienes. Es algo que reconoces. Y siempre ha estado ahí, en silencio, esperando a que la vieras.
Inscribirme para recibir las lecciones cada día por correo o Telegram y gestionar mis preferencias
Me inscribo gratis →