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Lección 48

No hay nada que temer.

La idea de hoy simplemente enuncia un hecho. No es un hecho para quienes creen en ilusiones, pero las ilusiones no son hechos. En verdad no hay nada que temer. Es muy fácil reconocer esto. Pero es muy difícil de reconocer para quienes quieren que las ilusiones sean verdaderas.

Los períodos de práctica de hoy serán muy breves, muy sencillos y muy frecuentes. Limítate a repetir la idea con la mayor frecuencia posible. Puedes usarla con los ojos abiertos en cualquier momento y en cualquier situación. Se recomienda encarecidamente, sin embargo, que te tomes un minuto aproximadamente siempre que sea posible para cerrar los ojos y repetirte la idea lentamente varias veces. Es particularmente importante que uses la idea inmediatamente si algo perturba tu paz mental.

La presencia del miedo es una señal segura de que estás confiando en tu propia fortaleza. La conciencia de que no hay nada que temer muestra que en algún lugar de tu mente, no necesariamente en un lugar que reconozcas todavía, has recordado a Dios y has dejado que Su Fortaleza ocupe el lugar de la tuya. En el instante en que estés dispuesto a hacer esto, verdaderamente no hay nada que temer.

✨ Resumen y puesta en práctica

No hay nada que temer. De verdad. Las ilusiones tienen miedo, pero la verdad no tiene miedo.

Esta lección tiene una sencillez desarmante. « No hay nada que temer. » Es un simple hecho. No para quienes creen en las ilusiones, desde luego, pero las ilusiones no son hechos. En verdad, no hay nada que temer. Es muy fácil de reconocer, pero muy difícil de reconocer para quienes quieren que las ilusiones sean verdaderas. La dificultad no está en la verdad, está en el apego al miedo mismo.

Los ejercicios son muy cortos, muy sencillos y muy frecuentes. Repite simplemente la idea tan a menudo como sea posible. Puedes usarla con los ojos abiertos en cualquier momento y en cualquier situación. Tómate un minuto cuando puedas para cerrar los ojos y repetir la idea varias veces. Es particularmente importante usarla de inmediato cada vez que algo perturbe tu paz. La presencia del miedo es una señal infalible de que confías en tu propia fuerza.

Darte cuenta de que no hay nada que temer demuestra que en algún lugar de tu mente has recordado a Dios y has dejado que Su fuerza ocupe el lugar de tu debilidad. Desde el instante en que estás dispuesto a hacerlo, ciertamente no hay nada que temer. El miedo no es más que la ausencia de fe en la realidad del amor. Y el amor siempre está ahí, incluso cuando el miedo parece cubrirlo todo.

Puesta en práctica:

Todo el día, repite la idea tan a menudo como sea posible. En cuanto surja un miedo, aunque sea pequeño, di de inmediato: « No hay nada que temer. » Cierra los ojos un minuto si puedes.

El miedo no es más que una sombra. Pero la luz que eres disipa todas las sombras en cuanto eliges reconocerla.

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