Tu santidad revierte todas las leyes del mundo. Está más allá de toda restricción de tiempo, espacio, distancia y límites de cualquier clase. Tu santidad es totalmente ilimitada en su poder porque te establece como Hijo de Dios, uno con la Mente de su Creador. A través de tu santidad se manifiesta el poder de Dios. A través de tu santidad el poder de Dios se pone a tu disposición. Y no hay nada que el poder de Dios no pueda hacer.
Tu santidad, entonces, puede eliminar todo dolor, puede poner fin a toda pena y puede resolver todos los problemas. Puede hacerlo en relación contigo mismo y con cualquier otra persona. Es igual en su poder para ayudar a cualquiera, porque es igual en su poder para salvar a cualquiera. Si eres santo, también lo es todo lo que Dios creó. Eres santo porque todas las cosas que Él creó son santas. Y todas las cosas que Él creó son santas porque tú lo eres.
En los ejercicios de hoy aplicaremos el poder de tu santidad a todos los problemas, dificultades o sufrimientos, en cualquier forma, que se te ocurra pensar en ti mismo o en otra persona. No haremos distinciones porque no hay distinciones.
En los cuatro períodos de práctica más largos, cada uno de los cuales dure preferiblemente cinco minutos completos, repite la idea de hoy, cierra los ojos, y luego busca en tu mente cualquier sensación de pérdida o de infelicidad de cualquier clase tal como la ves. Procura hacer la menor distinción posible entre una situación que te resulte difícil a ti y una que le resulte difícil a otra persona. Identifica la situación específicamente, y también el nombre de la persona afectada.
Usa esta forma al aplicar la idea de hoy: En la situación que implica ___, en la que me veo a mí mismo, no hay nada que mi santidad no pueda hacer.
En la situación que implica ___, en la que ___ se ve a sí mismo, no hay nada que mi santidad no pueda hacer.
De vez en cuando puede que quieras variar este procedimiento, y añadir algunos pensamientos pertinentes propios. Podrías querer, por ejemplo, incluir pensamientos como: No hay nada que mi santidad no pueda hacer porque el poder de Dios reside en ella.
Introduce las variaciones que te atraigan, pero mantén los ejercicios centrados en el tema: No hay nada que mi santidad no pueda hacer. El propósito de los ejercicios de hoy es comenzar a infundirte la sensación de que tienes dominio sobre todas las cosas debido a lo que eres.
En las aplicaciones más breves y frecuentes, aplica la idea en su forma original, a menos que surja, o se te venga a la mente, un problema específico que te concierna a ti o a otra persona. En ese caso, usa la forma de aplicación más específica.
✨ Resumen y puesta en práctica
No hay límite a lo que tu santidad puede lograr.
Esta lección es una proclamación de poder ilimitado. « No hay nada que mi santidad no pueda lograr. » Tu santidad trastoca todas las leyes del mundo. Está más allá de todas las restricciones de tiempo, espacio, distancia y límites de toda clase. Te establece como Hijo de Dios, uno solo con la Mente de su Creador. No hay nada que el poder de Dios no pueda lograr, y tu santidad es ese poder hecho manifiesto.
Es a través de tu santidad como el poder de Dios se hace accesible. Tu santidad puede quitar todo dolor, poner fin a toda pena y resolver todos los problemas. Para ti como para cualquier otro, con igual poder. Si eres santo, todo lo que Dios creó lo es también. Cuatro períodos de ejercicio, preferiblemente de cinco minutos cada uno. Repite la idea, cierra los ojos y busca en tu mente todo sentimiento de pérdida o de desdicha.
Intenta hacer la menor distinción posible entre una situación difícil para ti y una para otra persona. Identifica la situación concretamente con el nombre de la persona implicada. Di: « En la situación concerniente a [nombre], donde me veo, no hay nada que mi santidad no pueda lograr. » No hagas distinciones porque no las hay. El poder de tu santidad es universal y sin límite.
Puesta en práctica:
Cuatro veces hoy, tómate cinco minutos. Busca en tu mente toda dificultad, la tuya o la de otro. Para cada una, aplica la idea nombrando a la persona y la situación. Recuerda: tu santidad tiene el poder de sanarlo todo.
No hay problema demasiado grande para la luz que brilla en ti.
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