Mi unidad con Cristo me establece como Tu Hijo, más allá del alcance del tiempo y totalmente libre de toda ley salvo la Tuya. No tengo más ser que el Cristo en mí. No tengo más propósito que el Suyo. Y Él es como Su Padre. Así debo ser uno contigo así como con Él. Pues ¿quién es Cristo sino Tu Hijo tal como Tú Lo creaste? ¿Y qué soy yo sino el Cristo en mí?
✨ Resumen y puesta en práctica
Están juntos, Cristo y tú, en la paz: unidos para siempre.
Están juntos, Cristo y tú, en la paz y la certeza de propósito. En Él está Su Creador, como Él está en ti. Tu unidad con Cristo te establece como el Hijo de Dios, más allá del alcance del tiempo y libre de toda otra ley que la de Dios. No tienes yo, salvo el Cristo en ti. No tienes más meta que la Suya. Y Él es semejante a Su Padre. Así debes ser uno con Dios tanto como con Él.
La enseñanza fundamental es que tu identidad no está separada de la de Cristo. No eres una persona individual que tiene a Cristo en sí. Eres Cristo, expresado en el tiempo y el espacio. No hay dos seres en ti; solo hay un único Ser. Y ese Ser es uno con Dios. Esta unidad es tu certeza, tu paz, tu identidad verdadera. Nada puede amenazarla ni disminuirla, pues es eterna.
Esta lección es la afirmación más alta de tu identidad espiritual. Las lecciones anteriores te condujeron progresivamente a esta realización: eres Cristo, eres el Hijo de Dios, eres uno con Dios. Aquí te mantienes en esta verdad sin vacilar. El tiempo ya no tiene dominio sobre ti. La ley de Dios es tu única ley. Estás en tu hogar, incluso caminando por este mundo. Cristo y tú son uno.
Para vivir esta lección, tómate varios momentos hoy para detenerte y afirmar: "Cristo y yo somos uno. Soy el Hijo de Dios. Estoy en paz." Siente la verdad de esta afirmación en todo tu ser. No la repitas mecánicamente; déjala descender a tu corazón. Sentirás crecer una certeza, instalarse una paz. Los problemas del mundo se vuelven pequeños cuando te mantienes así con Cristo, en la unidad de Dios.
Cristo y tú son uno. Manténganse juntos en esta verdad, y nada podrá perturbar su paz.
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