¿Quién es mi hermano sino Tu santo Hijo? Y si lo veo pecador, me proclamo pecador; no Hijo de Dios; solo y sin amigos en un mundo temible. Sin embargo, esta percepción es una elección que hago y puedo abandonar. También puedo ver a mi hermano impecable, como Tu santo Hijo. Y con esta elección veo mi impecabilidad, a mi Consolador y Amigo sempiterno a mi lado, y mi camino seguro y claro. Elige, pues, por mí, Padre mío, mediante Tu Voz. Pues solo Él emite juicio en Tu Nombre.
✨ Resumen y puesta en práctica
Tu hermano sin pecado es tu guía hacia la paz: elige verlo así.
¿Quién es tu hermano, sino el santo Hijo de Dios? Si lo ves pecador, te proclamas a ti mismo pecador y no Hijo de Dios, solo y sin amigo en un mundo aterrador. Pero esa percepción es una elección que haces y a la que puedes renunciar. También puedes ver a tu hermano sin pecado, como el santo Hijo de Dios. Esta elección te hace ver tu impecabilidad, a tu eterno Consolador y Amigo a tu lado, y tu camino seguro y claro.
La poderosa enseñanza es que la manera en que ves a tu hermano determina la manera en que te ves a ti mismo. No puedes ver a un hermano como pecador sin verte a ti mismo como pecador. No puedes verlo como inocente sin verte a ti mismo como inocente. Pues la visión es una: se aplica a todos o a nadie. Elegir ver a tu hermano sin pecado es elegir verte a ti mismo sin pecado. Es elegir la paz en lugar del dolor.
Esta lección es fundamental para toda la enseñanza sobre las relaciones. Las lecciones anteriores te mostraron que tus hermanos son tus salvadores, que sus dones son tus dones. Aquí comprendes por qué: son el espejo de ti mismo. Al ver la inocencia en ellos, la activas en ti. La elección es clara y se presenta a cada instante. Cada hermano que encuentras es una ocasión de elegir entre la paz y el dolor. Elige la paz viendo su inocencia.
Para poner en práctica esta lección, con cada persona que encuentres hoy, haz la elección deliberada de ver su impecabilidad. Aunque su comportamiento te desagrade, busca más allá del comportamiento al Hijo de Dios que ella es. Di en tu corazón: "Eres sin pecado, y en ti veo mi propia inocencia." Verás transformarse la relación. La persona ante ti se volverá más suave, o al menos cambiará tu percepción de ella. Y tú mismo te sentirás más en paz.
Tu hermano es tu espejo. Velo sin pecado, y te verás sin pecado. Elige la paz.
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