Lo que perdonamos pasa a ser parte de nosotros, tal como nos percibimos a nosotros mismos. El Hijo de Dios incorpora todas las cosas dentro de sí tal como Tú lo creaste. Tu recuerdo depende de su perdón. Lo que él es no es afectado por sus pensamientos. Pero lo que mira es resultado directo de ellos. Por lo tanto, Padre mío, quiero volverme a Ti. Solo Tu recuerdo me hará libre. Y solo mi perdón me enseña a dejar que Tu recuerdo regrese a mí y a darlo al mundo con agradecimiento.
Y al recoger milagros de Él, seremos en verdad agradecidos. Pues al recordarLo a Él, Su Hijo nos será restituido en la Realidad del Amor.
¿Qué soy?
Soy el Hijo de Dios, completo, sano e íntegro, resplandeciendo en el reflejo de Su Amor. En mí es santificada Su creación y se le garantiza vida eterna. En mí el amor es perfeccionado, el miedo es imposible y la alegría está establecida sin opuesto. Soy el santo hogar del mismo Dios. Soy el Cielo donde reside Su Amor. Soy Su santa Impecabilidad Misma, pues en mi pureza mora la Suya propia.
Nuestro uso de las palabras casi ha terminado ahora. Sin embargo, en los últimos días de este año que dimos a Dios juntos, tú y yo, hallamos un único propósito que compartíamos. Y así te uniste a mí. De modo que lo que yo soy lo eres tú también. La verdad de lo que somos no es para que las palabras la expresen o la describan. Pero podemos darnos cuenta de nuestra función aquí, y las palabras pueden hablar de esto y enseñarlo también, si ejemplificamos las palabras en nosotros.
Somos los portadores de la salvación. Aceptamos nuestra parte como Salvadores del mundo, que por nuestro perdón conjunto es redimido. Y este, nuestro regalo, nos es por lo tanto dado. Miramos a todos como hermanos y percibimos todas las cosas como bondadosas y buenas. No buscamos una función que esté más allá de las puertas del Cielo. El conocimiento regresará cuando hayamos hecho nuestra parte. Nos ocupamos solo de dar la bienvenida a la verdad.
Nuestros son los ojos a través de los cuales la visión de Cristo ve un mundo redimido de todo pensamiento de pecado. Nuestros son los oídos que oyen la Voz de Dios proclamar que el mundo es impecable. Nuestras son las mentes que se unen al bendecir al mundo. Y desde la unidad que hemos alcanzado llamamos a todos nuestros hermanos, pidiéndoles que compartan nuestra paz y consumen nuestra alegría.
Somos los santos mensajeros de Dios que hablan por Él y, llevando Su Palabra a todos aquellos a quienes Él nos ha enviado, aprendemos que Está escrita en nuestros corazones. Y así nuestras mentes cambian acerca del objetivo para el cual vinimos y que buscamos servir. Traemos buenas nuevas al Hijo de Dios, que pensaba que sufría. Ahora está redimido. Y cuando ve la puerta del Cielo abierta ante él, entrará y desaparecerá en el Corazón de Dios.
✨ Resumen y puesta en práctica
Los milagros reflejan el Amor eterno de Dios: al ofrecerlos, salvas al mundo.
Los milagros reflejan el Amor eterno de Dios. Ofrecerlos es recordarLo y, mediante Su recuerdo, salvar al mundo. Lo que perdonas se convierte en una parte de ti, tal como te percibes. El Hijo de Dios incorpora todas las cosas en sí mismo. El recuerdo de Dios depende de tu perdón. Lo que miras es el resultado directo de tus pensamientos. Al volverte hacia Dios, Su único recuerdo te hace libre. Y solo tu perdón te enseña a dejar que ese recuerdo regrese a ti.
La idea central es que el milagro no es un acontecimiento aislado; es el reflejo del Amor eterno de Dios. Cada milagro que haces, cada perdón que ofreces, es como un rayo de luz que brilla en el mundo. Estos rayos no están separados; todos vienen de la misma Fuente. Al ofrecer milagros, te conectas con esta Fuente y permites que Su Amor fluya hacia el mundo. Te conviertes en un canal de curación para todos.
Esta lección es el punto culminante de la enseñanza sobre los milagros. Las lecciones anteriores te mostraron que el perdón es el milagro, que los milagros son naturales cuando estás en el amor. Aquí comprendes el sentido cósmico del milagro: no es solo para ti, es para el mundo. Al ofrecer milagros, no solo eres curado; participas en la curación de toda la creación. Cada milagro que haces es un paso hacia el recuerdo de Dios para todos.
Para vivir esta lección, toma conciencia hoy de que cada acto de perdón es un milagro que salva al mundo. Cuando eliges la suavidad en lugar de la ira, cuando ves la inocencia en lugar de la culpa, haces un milagro por la humanidad. Nunca subestimes el poder de tus elecciones. Cada pequeño milagro que ofreces se une a todos los demás para formar una luz lo bastante grande como para disolver toda la oscuridad del mundo. Sé orgulloso de cada milagro que haces.
Al ofrecer milagros, recuerdas a Dios y salvas al mundo. Cada acto de amor es eternamente significativo.
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