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Lección 345

Hoy ofrezco solo milagros, Pues quiero que me sean devueltos.

Pues quiero que me sean devueltos. Padre, un milagro refleja Tus dones para mí, Tu Hijo. Y cada uno que doy me es devuelto, recordándome que la ley del amor es universal. Incluso aquí adopta una forma que puede ser reconocida y vista en funcionamiento. Los milagros que doy me son devueltos justo en la forma que necesito para ayudarme con los problemas que percibo. Padre, en el Cielo es diferente, pues allí no hay necesidades. Pero aquí en la tierra el milagro está más cerca de Tus dones que cualquier otro regalo que yo pueda dar. Déjame, pues, dar hoy solo este regalo, que, nacido del verdadero perdón, ilumina el camino que debo recorrer para recordarTe.

Paz a todos los corazones que buscan hoy. La luz ha venido a ofrecer milagros para bendecir al cansado mundo. Hallará descanso hoy, pues ofreceremos lo que hemos recibido.

✨ Resumen y puesta en práctica

No ofrezcas sino milagros hoy, pues te serán devueltos.

Un milagro refleja los dones que Dios te hace. Cada milagro que haces te es devuelto, recordándote que la ley del amor es universal. Incluso aquí, en la tierra, toma una forma que puedes reconocer. Los milagros que das te son devueltos exactamente bajo la forma que necesitas para ayudarte con los problemas que percibes. En el Cielo no hay necesidades. Pero aquí, el milagro es lo más cercano a los dones de Dios que puedes ofrecer.

La idea central es que posees el poder de hacer milagros. No prodigios sobrenaturales, sino actos de perdón y de amor que transforman la percepción. Un milagro es un cambio en la manera en que ves el mundo. Cuando pasas del miedo al amor, del juicio al perdón, haces un milagro. Y ese milagro te es devuelto: al curar tu percepción, te cura a ti mismo. Ofrecer milagros es la función más alta que puedes cumplir en la tierra.

Esta lección se apoya en la anterior sobre la ley del amor. Si dar es recibir, entonces ofrecer milagros es recibirlos. Las lecciones anteriores te enseñaron que el perdón es el milagro. Aquí estás invitado a hacer de cada instante un milagro. Cada pensamiento de perdón, cada acto de amor, cada mirada de compasión es un milagro que ofreces. Y cada milagro que ofreces vuelve a ti, curándote y liberándote.

Para vivir esta lección, comienza el día diciendo: "Hoy no ofrezco sino milagros." Luego, a lo largo del día, sé consciente de cada ocasión de transformar una situación. Cuando alguien te provoque, responde con suavidad. Cuando se presente el miedo, elige el amor. Cuando el juicio te tiente, elige el perdón. Cada pequeña elección es un milagro. Y al final del día, mira atrás: verás que los milagros que has ofrecido han transformado no solo el mundo a tu alrededor, sino también tu propio corazón.

Ofrece milagros hoy. Volverán a ti en paz, en alegría y en amor, pues la ley del amor es infalible.

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