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Lección 337

Mi impecabilidad me protege de todo daño.

Mi impecabilidad me asegura perfecta paz, seguridad eterna, amor sempiterno, libertad para siempre de todo pensamiento de pérdida; completa liberación del sufrimiento. Y solo la felicidad puede ser mi estado, pues solo la felicidad se me da. ¿Qué debo hacer para saber que todo esto es mío? Debo aceptar la Expiación para mí mismo, y nada más. Dios ya ha hecho todo lo que había que hacer. Y debo aprender que no necesito hacer nada por mí mismo, pues solo necesito aceptar mi Ser, mi impecabilidad, creada para mí, ahora ya mía, para sentir el Amor de Dios protegiéndome del daño, para comprender que mi Padre ama a Su Hijo; para saber que soy el Hijo a quien mi Padre ama.

Tú que me creaste en la impecabilidad no te equivocas acerca de lo que soy. Yo me equivoqué cuando pensé que había pecado, pero acepto la Expiación para mí mismo. Padre, mi sueño ha terminado ahora. Amén.

✨ Resumen y puesta en práctica

Tu impecabilidad te protege de todo lo que es dañino: estás a salvo.

Tu impecabilidad te asegura la paz perfecta, la seguridad eterna y el amor perpetuo. Es la liberación completa de todo pensamiento de pérdida y la liberación total del sufrimiento. Solo la felicidad puede ser tu estado, porque solo la felicidad te es dada. Para conocer esto, debes aceptar la Expiación para ti mismo, y nada más. Dios ya ha hecho todo lo que hay que hacer. No tienes que actuar por ti mismo, solo aceptar tu Ser.

La enseñanza esencial es que tu seguridad no viene de fuera sino de dentro. No es el mundo quien te protege; es tu impecabilidad. Mientras te creas culpable, te sientes vulnerable y atacable. Pero cuando reconoces tu inocencia, te vuelves invulnerable. No porque construyas defensas, sino porque no hay nada que defender. El Hijo de Dios no puede ser herido. Su perfección es su protección. El pecado es una ilusión, y las ilusiones no pueden dañar.

Esta lección es la culminación de toda la enseñanza sobre la inocencia y la seguridad. Has aprendido que no puedes herirte, que Dios te guarda. Aquí sabes por qué: tu impecabilidad es tu protección. Las lecciones anteriores te llevaron a aceptar la Expiación, a reconocer tu inocencia. Ahora experimentas la seguridad que esta inocencia aporta. Ya no tienes nada que temer, pues eres puro.

Para vivir esta lección, cada vez que el miedo te visite hoy, recuerda: "Mi impecabilidad me protege de todo lo que es dañino." Esta afirmación no es una negación de la realidad; es el reconocimiento de una realidad más alta. El miedo dice que hay un peligro; tu impecabilidad dice que no hay nada que temer. Elige la segunda voz. Verás el miedo disolverse. Deja que esa certeza te habite: estás a salvo porque eres inocente.

Tu inocencia te guarda. No tengas miedo, pues eres el Hijo a quien Dios ama y protege eternamente.

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