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Lección 334

Hoy reclamo los dones que da el perdón.

No esperaré otro día para hallar los tesoros que mi Padre me ofrece. Las ilusiones deben ser vanas, y los sueños se van incluso mientras se tejen con pensamientos que descansan en percepción falsa. No me dejes aceptar hoy de nuevo tan escasos dones. La Voz de Dios ofrece la paz de Dios a todos los que oyen y eligen seguirLo. Esta es mi elección hoy. Y así voy a hallar los tesoros que Dios me ha dado.

Solo busco lo eterno. Pues Tu Hijo no puede contentarse con nada menos que esto. ¿Cuál puede ser, pues, su consuelo sino lo que Tú ofreces a su mente desconcertada y a su corazón asustado, para darle certeza y traerle paz? Hoy quiero contemplar impecable a mi hermano. Esta es Tu Voluntad para mí, pues así contemplaré mi impecabilidad.

✨ Resumen y puesta en práctica

Hoy, reclama los dones que hace el perdón: te esperan.

No esperes un día más para encontrar los tesoros que tu Padre te ofrece. Las ilusiones son todas vanas, y los sueños desaparecen aun cuando están tejidos de pensamientos falsos. No aceptes de nuevo hoy dones tan míseros. La Voz de Dios ofrece la paz de Dios a todos los que oyen y eligen seguirla. Es tu elección hoy. Así encontrarás los tesoros que Dios te ha dado.

El mensaje fundamental es que los dones del perdón ya están ahí, ya dados, ya tuyos. No tienes que merecerlos ni ganarlos. Solo tienes que reclamarlos, aceptarlos. Estos dones son la paz, la liberación de la culpa, la restauración de la inocencia, la memoria de Dios. Nada menos que lo eterno puede satisfacer al Hijo de Dios. Al negarte a perdonar, rechazas estos dones. Al perdonar, los aceptas todos.

Esta lección es una invitación a la acción inmediata. Has esperado bastante. El perdón no es un proceso largo y difícil; es una elección instantánea. Las lecciones anteriores te prepararon para hacer esta elección mostrándote el valor del perdón y las cadenas del miedo. Hoy pasas al acto: reclamas lo que te pertenece por derecho divino. No suplicas; reclamas. No por orgullo, sino porque sabes que es tu herencia.

Para vivir esta lección, extiende hoy la mano y reclama los dones del perdón. Cierra los ojos y di: "Padre, hoy reclamo los dones que hace el perdón. Reclamo la paz, la liberación, la inocencia." Luego abre los ojos y contempla a tu hermano sin pecado. Pues al ver su impecabilidad, ves la tuya. Los dones del perdón se manifiestan en la mirada que posas sobre los demás. Cuando ves a un hermano sin pecado, tú mismo eres liberado.

Para ti, los dones del perdón te esperan. No esperes un instante más. Reclámalos hoy y sé libre.

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