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Lección 326

Soy para siempre un Efecto de Dios.

Padre, fui creado en Tu Mente, un santo Pensamiento que nunca abandonó su hogar. Soy para siempre Tu Efecto, y Tú eres para siempre y por siempre mi Causa. Tal como me creaste he permanecido. Donde me estableciste sigo morando, y todos Tus atributos moran en mí, porque es Tu Voluntad tener un Hijo tan semejante a su Causa que la Causa y Su Efecto sean indistinguibles. Déjame saber que soy un Efecto de Dios, y así tengo el poder de crear como Tú. Y como es en el Cielo, así en la tierra. Tu plan sigo aquí, y al final sé que reunirás Tus Efectos en el tranquilo Cielo de Tu Amor, donde la tierra desaparecerá y los pensamientos separados se unirán en gloria como el Hijo de Dios.

Contemplemos hoy cómo la tierra desaparece, al principio transformada y luego, perdonada, se desvanece por completo en la santa Voluntad de Dios.

✨ Resumen y puesta en práctica

Eres para siempre un Efecto de Dios: esa es tu seguridad eterna.

Fuiste creado en la Mente de Dios, un santo Pensamiento que nunca abandonó su hogar. Eres para siempre el Efecto de Dios, y Él es por siempre tu Causa. Tal como Él te creó, has permanecido. Allí donde Él te estableció, moras todavía. Todos Sus atributos permanecen en ti, porque es Su Voluntad tener un Hijo tan semejante a su Causa que la Causa y el Efecto son indistinguibles.

La verdad liberadora de esta lección es que no eres una causa independiente, autocreada. Eres el Efecto de Dios. Como Efecto, compartes la naturaleza de tu Causa: el amor, la perfección, la eternidad. Reconocer esto disuelve el orgullo del ego que pretende haberse hecho a sí mismo. Pero también disuelve la culpa: si eres el Efecto de Dios, no eres responsable de tu creación. Eres perfecto porque tu Causa es perfecta. No tienes que fabricarte; tienes que reconocerte.

Esta lección es el fundamento metafísico de toda la enseñanza. Las lecciones anteriores te hablaron de tu identidad, de tu inocencia, de tu poder. Aquí comprendes por qué: eres el Efecto de Dios. No un efecto lejano o degradado, sino un efecto directo y perfecto. La Causa y el Efecto son uno. Al reconocer esto, recobras el poder de crear como Dios crea, pues el Efecto comparte la potencia de la Causa.

Para poner en práctica esta lección, repite varias veces hoy: "Soy para siempre un Efecto de Dios." Cuando sientas inseguridad, insuficiencia, culpa, recuerda: si eres el Efecto de Dios, no puedes ser otra cosa que perfecto. No eres un accidente, eres un Pensamiento santo. No tienes que probar tu valor; te lo da tu Causa. Deja que esa certeza te habite. A lo largo del día, descansa en esta verdad.

Eres el Efecto perfecto de una Causa perfecta. Descansa en esta verdad, y deja que la paz te invada.

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