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Lección 324

Simplemente sigo, pues no quiero guiar.

Padre, Tú eres Quien me dio el plan para mi salvación. Has fijado el camino que debo recorrer, el papel que debo asumir y cada paso de mi sendero señalado. No puedo perder el camino. Solo puedo elegir vagar un rato y luego regresar. Tu amorosa Voz siempre me llamará de vuelta y guiará mis pies rectamente. Todos mis hermanos pueden seguir el camino por el que los guío. Sin embargo, yo simplemente sigo el camino hacia Ti, tal como Tú me diriges y quieres que vaya.

Sigamos, pues, a Quien conoce el camino. No necesitamos demorarnos y no podemos extraviarnos, salvo por un instante, de Su amorosa mano. Caminamos juntos, pues Lo seguimos a Él. Y es Él Quien hace seguro el final y garantiza un regreso seguro a casa.

✨ Resumen y puesta en práctica

Solo sigues, pues no querrías guiar: deja que Dios guíe.

Dios te ha dado el plan de tu salvación. Ha fijado el camino que debes seguir, el papel que has de tomar, y cada paso en la ruta que se te asigna. No puedes perder tu camino; solo puedes elegir extraviarte un momento antes de volver. Su Voz amorosa siempre te llamará y guiará tus pasos en la buena dirección. Todos tus hermanos pueden seguir el camino por el que los llevas, pero tú solo sigues el camino que lleva a Dios.

El mensaje esencial es que hay un gran alivio en no ser quien guía. El ego quiere guiar, controlar, decidir. Pero esa responsabilidad es una carga aplastante. Seguir a Dios es deponer esa carga. Es reconocer que no conoces el camino por ti mismo, pero que Aquel que te guía lo conoce perfectamente. Seguir no es una debilidad; es una sabiduría profunda. Es confiar en una inteligencia infinita en lugar de en tu pequeña comprensión.

Esta lección se inscribe en la continuidad de la enseñanza sobre la voluntad de Dios y el abandono. Has elegido entregar tu voluntad a Dios, no querer otra cosa que a Él. Aquí pasas a la acción: sigues concretamente Su guía. Las lecciones anteriores te prepararon para comprender que la dirección de Dios es suave y cierta. Al seguir, caminas con Él y con todos tus hermanos. Nadie queda solo en este camino.

Para poner esto en práctica hoy, abandona conscientemente la necesidad de controlarlo todo. Antes de cada acción, tómate un instante y di: "No soy yo quien guía. Tú, Padre, guíame." Luego actúa con confianza, sin comprobar si fue la decisión correcta. Observa cómo las cosas se acomodan con suavidad, cómo se abren las puertas, cómo aparecen las personas en el momento justo. Es la guía en acción. Cuanto más sigues, menos luchas. Cuanto más te abandonas, más libre eres.

Seguir es el camino más seguro. Deja que Dios guíe, y llegarás infaliblemente a tu hogar.

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