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Lección 322

Solo puedo renunciar a lo que nunca fue real.

Sacrifico ilusiones; nada más. Y a medida que las ilusiones se van, hallo los regalos que las ilusiones trataron de ocultar, esperándome con resplandeciente bienvenida y dispuestos a darme los antiguos mensajes de Dios. Su recuerdo mora en cada regalo que recibo de Él. Y todo sueño sirve solo para ocultar el Ser Que es el único Hijo de Dios, la semejanza de Sí Mismo, el Santo Que aún mora en Él para siempre, así como Él aún mora en mí.

Padre, para Ti todo sacrificio permanece para siempre inconcebible. Y por eso no puedo sacrificar sino en sueños. Tal como Tú me creaste, nada de lo que me diste puedo abandonar. Lo que Tú no diste no tiene realidad. ¿Qué pérdida puedo anticipar sino la pérdida del miedo y el regreso del Amor a mi mente?

✨ Resumen y puesta en práctica

Solo puedes renunciar a lo que nunca fue real: entonces suelta.

Cuando renuncias a algo, solo sacrificas ilusiones, nada más. Y a medida que las ilusiones desaparecen, encuentras los dones que ellas buscaban ocultar. Esos dones te esperan en la luz, listos para darte los antiguos mensajes de Dios. El recuerdo de Dios permanece en cada don que recibes de Él. Cada sueño que dejas caer no hacía más que disimular el Ser que es el único Hijo de Dios.

La poderosa enseñanza es que el sacrificio es imposible en la realidad. Solo puedes renunciar a lo que nunca fue real. El pecado, el miedo, la culpa, el sufrimiento: nada de eso ha existido jamás. ¿Cómo podrías perder algo que nunca fue tuyo? Lo que Dios te ha dado es eterno y no puede perderse. Lo que Él no te ha dado no tiene realidad. ¿Qué pérdida puedes, pues, anticipar, sino la pérdida del miedo y el regreso del amor?

Esta lección te libera del miedo al sacrificio. Las lecciones anteriores te mostraron que no tienes que hacer sacrificios para encontrar la paz de Dios. Aquí comprendes por qué: no hay nada que sacrificar. El ego te hace creer que pierdes algo al perdonar, al amar, al soltar. Pero en realidad solo pierdes ilusiones. Es como alguien que tuviera miedo de soltar una piedra que cree que es un diamante. Al soltar la ilusión, encuentras el verdadero tesoro.

Para aplicar esta lección hoy, identifica algo a lo que te aferras y que temes perder. Pregúntate: "¿Es real o es una ilusión?" Si es una ilusión (un rencor, un miedo, un apego), suéltala. Di: "Solo puedo renunciar a lo que nunca fue real. Esto no es real y lo dejo ir." Sentirás un alivio inmediato, un peso que cae. Es la prueba de que no has perdido nada sino ganado libertad.

No tienes nada que perder salvo tus ilusiones. Y al perderlas, encuentras todo lo que Dios te ha dado.

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