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Lección 319

Vine para la salvación del mundo.

Este es un pensamiento del que se ha eliminado toda arrogancia y en el que solo queda la verdad. Pues la arrogancia se opone a la verdad. Pero donde no hay arrogancia, la verdad vendrá de inmediato y llenará el espacio que el ego dejó desocupado por las mentiras. Solo el ego puede ser limitado, y por lo tanto debe buscar metas que sean recortadas y limitantes. El ego piensa que lo que uno gana, otro debe perderlo por completo. Y sin embargo, es la Voluntad de Dios, y la aprendo, que lo que uno gana es dado a todos.

Padre, Tu Voluntad es total. Y la meta que se deriva de Ella comparte Su totalidad. ¿Qué objetivo sino la salvación del mundo podrías haberme dado? ¿Y qué sino esto podría ser la Voluntad que mi Ser ha compartido contigo?

✨ Resumen y puesta en práctica

Has venido para la salvación del mundo, y no es arrogancia.

Aquí hay un pensamiento del que se ha quitado toda arrogancia y donde solo queda la verdad. La arrogancia se opone a la verdad, pero cuando ya no hay arrogancia, la verdad llena de inmediato el espacio dejado por las mentiras del ego. Solo el ego puede ser limitado, y por eso solo puede buscar metas truncadas y limitantes. El ego piensa que lo que uno gana, la totalidad debe perderlo. Pero ese pensamiento viene del mundo, no de Dios.

El mensaje esencial es que no estás aquí solo para ti mismo. Tu venida a este mundo tiene un propósito cósmico: la salvación del mundo entero. Y no es presunción, porque esa meta te fue dada por Dios mismo. No la inventaste; la reconociste. Al salvar al mundo, te salvas a ti mismo, pues eres uno con el mundo. Lo que uno gana se da a todos. Es la ley de Dios, que contradice directamente la ley del ego.

Esta lección amplía tu perspectiva más allá de lo individual. Las lecciones anteriores te hablaron de tu salvación personal, de tu perdón personal. Aquí descubres que tu salvación es inseparable de la del mundo. No puedes ser salvado solo; nadie puede serlo. La salvación es un todo, y tú participas en ella para el todo. Esta comprensión disuelve el egoísmo espiritual y te abre a una responsabilidad gozosa: ser un instrumento de salvación para todos.

Para poner en práctica esta lección, amplía tu visión hoy. Cuando reces, que sea por el mundo entero. Cuando perdones, que sea en nombre de todos. Cuando hagas el bien, sabe que lo haces a la humanidad entera. Deja de considerarte un individuo aislado que busca su salvación personal, y considérate un miembro del único Hijo de Dios que trabaja por la salvación del todo. Verás que tus problemas personales se relativizan y que la paz que sientes es la del mundo entero que se libera contigo.

La salvación del mundo está en tus manos. No por orgullo, sino por amor. Acepta hoy esta función sagrada.

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