A menos que mire lo que no está ahí, mi felicidad presente es todo lo que veo. Unos ojos que empiezan a abrirse ven por fin. Y quiero que la visión de Cristo venga a mí este mismo día. Lo que percibo sin la corrección de Dios para la vista que hice es aterrador y doloroso de contemplar. Sin embargo, no permitiré que mi mente sea engañada ni un instante más por la creencia de que el sueño que hice es real. Este es el día en que busco mi felicidad presente, y no miro nada más que lo que busco.
Con esta resolución vengo a Ti y pido Tu fuerza para sostenerme hoy, mientras no hago sino Tu Voluntad. No puedes dejar de oírme, Padre. Lo que pido ya me lo has dado, y estoy seguro de que veré hoy mi felicidad.
¿Qué es el mundo real?
El mundo real es un símbolo, como el resto de lo que la percepción ofrece. Sin embargo, representa lo opuesto a lo que tú hiciste. Tu mundo se ve a través de ojos de miedo y trae los testigos del terror a tu mente.
El mundo real no puede ser percibido sino a través de ojos que el perdón bendice, de modo que ven un mundo donde el terror es imposible y no pueden hallarse testigos del miedo.
El mundo real contiene una contrapartida para cada pensamiento desdichado reflejado en tu mundo; una corrección segura para las visiones de miedo y los sonidos de batalla que tu mundo contiene. El mundo real muestra un mundo visto de otra manera, a través de ojos quietos y con una mente en paz.
Allí no hay más que descanso. No se oyen gritos de dolor ni de pena, pues nada aquí queda fuera del perdón. Y las visiones son suaves. Solo visiones y sonidos felices pueden llegar a la mente que se ha perdonado a sí misma.
¿Qué necesidad tiene una mente así de pensamientos de muerte, ataque y asesinato? ¿Qué puede percibir a su alrededor sino seguridad, amor y alegría?
¿Qué hay que elija condenar, y qué hay contra lo que juzgue? El mundo que ve surge de una mente en paz consigo misma. Ningún peligro acecha en nada de lo que ve, pues es bondadosa y solo mira bondad.
El mundo real es el símbolo de que el sueño del pecado y de la culpa ha terminado, y el Hijo de Dios ya no duerme. Sus ojos despiertos perciben el reflejo seguro del Amor de su Padre; la promesa cierta de que ha sido redimido. El mundo real significa el fin del tiempo, pues su percepción hace que el tiempo carezca de propósito.
El Espíritu Santo no tiene necesidad del tiempo cuando ha servido a Su propósito. Ahora solo espera ese instante más a que Dios dé Su paso final, y el tiempo ha desaparecido, llevándose consigo la percepción al irse y dejando solo a la Verdad ser Ella Misma. Ese instante es nuestra meta, pues contiene el recuerdo de Dios. Y al mirar un mundo perdonado, es Él Quien nos llama y viene a llevarnos a casa, recordándonos nuestra Identidad, que nuestro perdón nos ha restituido.
✨ Resumen y puesta en práctica
Tu felicidad presente es todo lo que ves.
Después de haber dejado el pasado atrás (lección 289), esta lección te muestra lo que queda: la felicidad presente. En el currículo, es una lección de visión pura. A menos que mires lo que no está ahí, tu felicidad presente es todo lo que ves. Los ojos que comienzan a abrirse por fin ven. Pides que la visión de Cristo te llegue hoy mismo. Sin la Corrección de Dios, tu vista es aterradora y dolorosa, pero te niegas a ser engañado por el sueño un instante más.
La idea central es que la felicidad no está en el futuro ni en el pasado: es presente, y es todo lo que eliges ver. Vienes a Dios con esta resolución, pidiendo Su fuerza para sostenerte. Solo buscas hacer Su Voluntad. Dios no puede dejar de oírte. Lo que pides, Él ya te lo ha dado. Estás seguro de ver tu felicidad hoy, porque has elegido mirar solo eso. La felicidad presente no es una promesa futura: es una realidad ya dada.
Esta lección es el punto culminante de las lecciones 287-289 sobre la meta, el perdón y el pasado. Prepara las lecciones 291-300, que celebran la paz, la santidad y la eternidad. Hace eco de la lección 255 (elijo la paz perfecta), de la lección 273 (la calma de la paz de Dios) y de la lección 285 (mi santidad brilla). La felicidad presente es accesible ahora, no después de un largo camino. Te espera en el instante presente.
Para vivir esta lección hoy, comienza declarando: "Mi felicidad presente es todo lo que veo." Luego, a lo largo del día, cuando surja un pensamiento de pesar (pasado) o de inquietud (futuro), recuerda: "No miro lo que no está ahí. Miro mi felicidad presente." Busca activamente lo que es bueno, hermoso y alegre en el instante. Descubrirás que la felicidad no es una recompensa para mañana, sino una presencia hoy, cuando eliges verla.
La felicidad no está lejos de ti. Está aquí, ahora, en esta respiración, en esta luz, en este momento. Hoy, abre los ojos y velo. Tu felicidad presente es todo lo que necesitas ver.
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