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Lección 285

Mi santidad brilla hoy luminosa y clara.

Hoy despierto con alegría, esperando que me lleguen solo las cosas felices de Dios. Pido solo que vengan, y comprendo que mis invitaciones serán respondidas por los pensamientos a los que yo las haya enviado. Y pediré solo cosas gozosas, en el instante en que acepte mi santidad. Pues ¿de qué me serviría el dolor?, ¿qué propósito cumpliría mi sufrimiento?, ¿y de qué me valdrían la pena y la pérdida, si la insania me abandona hoy y acepto en su lugar mi santidad?

Padre, mi santidad es Tuya. Déjame regocijarme en ella y, por medio del perdón, ser restituido a la cordura. Tu Hijo sigue siendo tal como lo creaste. Mi santidad es parte de mí y también parte de Ti. ¿Y qué puede alterar la Santidad Misma?

✨ Resumen y puesta en práctica

Tu santidad brilla con viva claridad hoy.

Después de haber redescubierto tu poder de cambiar tus pensamientos (lección 284), esta lección celebra lo que emerge: tu santidad. En el currículo, es una lección de pura alegría. Hoy despiertas con alegría, esperando que solo las cosas felices de Dios vengan a ti. Pides que solo ellas vengan. Solo pedirás cosas gozosas, desde el instante en que aceptes tu santidad. Pues ¿de qué te serviría el dolor, si la insania te deja hoy?

La idea central es que tu santidad es también la santidad de Dios. Forma parte de ti y también forma parte de Él. Nada puede alterar la Santidad misma. Al aceptar tu santidad, eres devuelto a la cordura por el perdón. El Hijo de Dios sigue siendo tal como Dios lo creó. La santidad brilla en ti ahora, no después de un largo trabajo de purificación. Siempre ha estado ahí, simplemente oscurecida por los pensamientos de miedo. Hoy brilla libremente.

Esta lección se apoya en la serie 282-284 y prepara las lecciones 286-290 sobre el silencio, el propósito y el perdón. Hace eco de la lección 259 (no hay pecado), de la lección 260 (Dios me creó) y de la lección 263 (mi santa visión ve todas las cosas puras). La santidad no es una cualidad que adquieres, es tu naturaleza que redescubres. Ya es completa y perfecta.

Para vivir esta lección hoy, comienza tu día diciendo: "Mi santidad brilla con viva claridad hoy." Siente la verdad de esta declaración. Cuando veas algo hermoso en la naturaleza o en los demás, reconócelo como un reflejo de tu propia santidad. Cuando surjan pensamientos de indignidad o de culpa, recuerda: "Es un viejo pensamiento. Mi santidad es más real que eso." Deja que tu santidad ilumine todo lo que haces hoy.

Eres santo, no porque hayas hecho algo bueno, sino porque Dios te creó santo. Hoy, deja que esta santidad brille sin trabas. Es tu luz, tu alegría, tu verdadera naturaleza.

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