Pido Tu bendición sobre mi vista hoy. Es el medio que has escogido para convertirse en el camino que me muestra mis errores y me permite mirar más allá de ellos. Se me concede hallar una nueva percepción por medio del Guía que me diste. Y por medio de Sus lecciones superar la percepción y regresar a la verdad. Pido la ilusión que trasciende todas las que hice. Hoy elijo ver un mundo perdonado, en el que todos me muestran el rostro de Cristo y me enseñan que lo que miro me pertenece; que nada existe excepto Tu santo Hijo.
Hoy nuestra vista está verdaderamente bendecida. Compartimos una sola visión al mirar el rostro de Aquel Cuyo Ser es el nuestro. Somos uno gracias a Aquel Que es el Hijo de Dios; de Aquel Que es nuestra propia Identidad.
✨ Resumen y puesta en práctica
Cada rostro que ves es el rostro de Cristo.
Después de haber aprendido a dejar que todas las cosas sean (lección 268), esta lección solicita una bendición sobre tu vista. En el currículo, es una oración para ver correctamente. Le pides a Dios que bendiga tu vista para que se convierta en el medio de ver más allá de los errores, de encontrar una percepción nueva, de elegir ver un mundo perdonado. Hoy ya no quieres ver las apariencias engañosas: quieres ver el rostro de Cristo en cada persona.
La idea central es que en un mundo perdonado, todos te muestran el rostro de Cristo enseñándote que lo que miras te pertenece. Nada existe, salvo el santo Hijo de Dios. Tu vista está bendecida porque compartes una sola visión con todos: la contemplación del rostro de Aquel cuyo Ser es también el tuyo. Ustedes son uno a causa de Cristo, que es el Hijo de Dios y tu propia Identidad. Ver a Cristo es verte a ti mismo.
Esta lección se apoya en las anteriores sobre la visión (262-265) y la aceptación (268). Prepara la lección 270, donde renuncias a los ojos del cuerpo para usar la visión de Cristo. El tema del rostro de Cristo conecta con la lección 266 (tus hermanos son tus salvadores). Cada rostro es una puerta hacia el reconocimiento de tu Ser. El currículo te lleva progresivamente a no ver más que una sola cosa: el rostro de Cristo en todas partes.
Para aplicar esta lección hoy, cuando mires a alguien, no te detengas en su rostro físico. Pide ver el rostro de Cristo que hay detrás. Cuando mires una puesta de sol, a un niño que juega, a un desconocido en el metro, busca el rostro de Cristo. Cuando te mires en el espejo, busca el rostro de Cristo en tus propios ojos. Poco a poco empezarás a ver una dulzura, una luz, una belleza que nunca habías notado antes.
El rostro de Cristo está en todas partes, detrás de cada máscara que lleva el mundo. Hoy, mira lo bastante profundo para verlo. Él te mira a su vez y te reconoce como Su propio Ser.
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