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Lección 267

Mi corazón late en la paz de Dios.

Mi corazón late en la paz de Dios. Me rodea toda la vida que Dios creó en Su Amor. Me llama en cada latido y en cada aliento; en cada acción y en cada pensamiento. La paz llena mi corazón e inunda mi cuerpo con el propósito del perdón. Ahora mi mente está sanada, y se me da todo lo que necesito para salvar al mundo. Cada latido me trae paz; cada aliento me infunde fuerza. Soy un mensajero de Dios, dirigido por Su Voz, sustentado por Él en amor, y mantenido siempre quieto y en paz entre Sus amorosos brazos. Cada latido llama Su Nombre, y a cada uno responde Su Voz, asegurándome que estoy en casa en Él.

Déjame atender Tu Respuesta, no la mía. Padre, mi corazón late en la paz que el Corazón del Amor creó. Es allí y solo allí donde puedo estar en casa.

✨ Resumen y puesta en práctica

Tu corazón late al ritmo de la paz de Dios.

Después de haber reconocido a los demás como salvadores (lección 266), esta lección te invita a sentir la vida que palpita en ti como una expresión de Dios. En el currículo, es una lección de encarnación espiritual. A tu alrededor está toda la vida que Dios creó en Su Amor. Ella te llama en cada latido del corazón, en cada respiración. La paz te llena el corazón e inunda tu cuerpo con el propósito del perdón. No eres una mente desencarnada. Todo tu ser vibra con la presencia de Dios.

La idea central es que cada latido del corazón invoca el Nombre de Dios, y a cada uno de ellos Su Voz responde. Tu mente está curada y todo lo que necesitas para salvar al mundo te es dado. Cada latido te trae la paz, cada respiración te infunde fuerza. Eres un mensajero de Dios, dirigido por Su Voz, sostenido por Él con amor, mantenido para siempre en la quietud y la paz de Sus amorosos Brazos. Estás en casa en Él.

Esta lección sigue al reconocimiento de los demás como salvadores (266) y precede a las lecciones 268-270 sobre la aceptación de la realidad y la visión de Cristo. También hace eco de la lección 273 (la calma de la paz de Dios). Al vincular la paz de Dios con tu propio cuerpo y tu respiración, esta lección vuelve tangible la espiritualidad. No tienes que buscar la paz en otra parte: ya late en tu pecho.

Concretamente, hoy, haz pausas para sentir cómo late tu corazón. A cada latido, susurra el Nombre de Dios. Inspira profundamente pensando en Su paz, espira soltando toda tensión. Cuando te sientas agitado o estresado, pon la mano sobre el corazón y siente los latidos. Recuerda: "Cada latido tuyo es una llamada a Dios. Cada respiración es una respuesta de paz." Deja que este ritmo sagrado te ancle en la presencia divina.

La paz de Dios no es abstracta: late en tu pecho, fluye en tu respiración. Cada instante es una pulsación de amor divino. Siéntela, vívela, sé ella.

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