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Lección 262

Que hoy no perciba diferencias.

Padre, Tú tienes un solo Hijo. Y es a él a quien quiero mirar hoy. Él es Tu única creación. ¿Por qué habría de percibir mil formas en lo que sigue siendo uno? ¿Por qué habría de dar a este mil nombres, cuando uno solo basta? Pues Tu Hijo debe llevar Tu Nombre, ya que Tú lo creaste. No me dejes verlo como un extraño para su Padre, ni como un extraño para mí mismo. Pues él es parte de mí y yo de él, y somos parte de Ti, que eres nuestra Fuente, eternamente unidos en Tu Amor; eternamente el santo Hijo de Dios.

Nosotros, que somos uno, queremos reconocer este día la verdad acerca de nosotros mismos. Queremos volver a casa y descansar en la unidad. Pues allí está la paz, y en ningún otro lugar puede buscarse y hallarse la paz.

✨ Resumen y puesta en práctica

Más allá de las diferencias, ve al único Hijo de Dios.

Tras haber encontrado tu refugio en Dios (lección 261), esta lección te enseña a ver como Dios ve. En el plan de estudios, es una lección de visión profunda. El mundo te muestra miles de formas diferentes: razas, culturas, personalidades, creencias distintas. Pero esta lección te pregunta: ¿por qué percibir miles de formas en lo que permanece uno? El Padre no tiene más que un solo Hijo, y es a Él a quien miras en cada uno.

La idea central es que la percepción de las diferencias es una ilusión. El Padre tiene un solo Hijo. ¿Por qué darle miles de nombres cuando uno solo basta? Ese Hijo lleva el Nombre de Dios. No es un extraño para su Padre ni para ti mismo. Forma parte de ti, y tú formas parte de él. Todos forman parte de Dios, la Fuente, eternamente unidos en Su Amor. La paz se encuentra en el reconocimiento de esta unidad. En ninguna otra parte puede encontrarse la paz.

Esta lección se inscribe en la continuidad de las lecciones sobre la identidad y la seguridad. Prepara la lección 263 sobre la santa visión que ve todas las cosas puras. Enlaza con la lección 259 (no hay pecado): si ves diferencias, ves allí donde el pecado podría existir. Al ver la unidad, afirmas que no hay más que Dios. Las lecciones siguientes (263-265) profundizarán esta cualidad de visión.

Para vivir esta lección hoy, cada vez que encuentres a alguien, mira más allá de las apariencias. No veas su edad, su género, su color o su estatus. Ve solo al Hijo de Dios. Cuando te mires en el espejo, ve más allá de tu rostro: ve al mismo Hijo de Dios. Cuando se presente la tentación de juzgar basándote en las diferencias, recuerda: "No hay más que un solo Hijo, y es a él a quien miro". Deja que la unidad reemplace a la división en tu percepción.

Las diferencias que ves son velos que ocultan la verdad. Levanta esos velos hoy y mira: no hay más que un solo Hijo, no hay más que un solo Amor, no hay más que un solo Dios.

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