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Lección 261

Dios es mi refugio y mi seguridad.

Me identificaré con lo que pienso que es refugio y seguridad. Me contemplaré donde percibo mi fuerza, y pensaré que vivo dentro de la ciudadela donde estoy a salvo y no puedo ser atacado. Que hoy no busque seguridad en el peligro, ni intente hallar mi paz en el ataque homicida. Vivo en Dios. En Él hallo mi refugio y mi fuerza. En Él está mi Identidad. En Él está la paz eterna. Y solo allí recordaré Quién soy realmente.

No me dejes buscar ídolos. Quiero venir, Padre mío, a casa, a Ti hoy. Elijo ser tal como Tú me creaste, y hallar al Hijo que creaste como mi Ser.

✨ Resumen y puesta en práctica

Dios es tu refugio y tu seguridad: no busques en otra parte.

Tras haber recordado que Dios te creó (lección 260), esta lección aborda la cuestión práctica de la seguridad. En el plan de estudios, es una profundización de la lección 244. Has aprendido que no estás en peligro en ninguna parte, pero ahora debes elegir dónde poner tu confianza. Te identificas con lo que crees que es tu refugio. Si buscas la seguridad en el dinero, las relaciones o la salud, buscas en el peligro. El único verdadero refugio es Dios.

La idea central es que vives en Dios, y solo ahí encuentras la fuerza y la identidad. No busques hoy la seguridad en el peligro ni la paz en el ataque. No busques ídolos. Elige ser tal como Dios te creó y encontrar al Hijo que Él creó como tu Ser. En Él está la paz eterna, y solo ahí recordarás Quién eres en realidad. Los ídolos —todo lo que pones en lugar de Dios— solo pueden decepcionar.

Esta lección se apoya directamente en la lección 260 (recuerda que Dios te creó) y refuerza la lección 244 (no estoy en peligro en ninguna parte). Prepara las lecciones 262-264 sobre la visión que percibe la unidad más allá de las diferencias y reconoce el Amor omnipresente de Dios. Es una lección de discernimiento: aprender a distinguir los verdaderos refugios de los falsos, para no volver a poner nunca tu seguridad donde no puede estar.

Concretamente, hoy identifica conscientemente cada cosa en la que pones tu seguridad. ¿Es tu cuenta bancaria? ¿Tu salud? ¿Una relación? ¿Tu trabajo? Para cada una, di: "Esto no es mi seguridad. Mi seguridad está solo en Dios". No rechaces esas cosas —tienen su lugar—, pero deja de creer que te protegen de verdad. Cuando surja el miedo con respecto a alguna de ellas, recuerda: "Dios es mi refugio. En Él estoy a salvo".

No busques la seguridad en un mundo cambiante. El único refugio que nunca fallará es Dios. En Él estás en casa para siempre.

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