Padre, yo no me hice a mí mismo, aunque en mi insania pensé que sí. Sin embargo, como Pensamiento Tuyo no he dejado mi Fuente, y sigo siendo parte de Aquello que me creó. Tu Hijo, Padre mío, Te invoca hoy. Déjame recordar que Tú me creaste. Déjame recordar mi identidad. Y que mi impecabilidad surja de nuevo ante la visión de Cristo, con la cual quiero mirar hoy a mis hermanos y a mí mismo.
Ahora nuestra Fuente es recordada, y en Ella hallamos por fin nuestra verdadera Identidad. Santos somos en verdad, porque nuestra Fuente no puede conocer el pecado. Y nosotros, que somos Sus Hijos, somos semejantes unos a otros y semejantes a Él.
✨ Resumen y puesta en práctica
Dios te creó: recuerda tu Fuente.
Llegamos a una lección fundamental. Tras haber reconocido que no hay pecado (lección 259), es hora de recordar de dónde vienes realmente. En el plan de estudios, es el regreso a la Fuente. Quizá hayas pensado en tu insania que te habías creado a ti mismo, que eras el producto de tus elecciones, de tu historia, de tus circunstancias. Pero la verdad es mucho más bella: eres el Pensamiento de Dios, nunca has abandonado tu Fuente, sigues formando parte de Aquel que te creó.
La idea central es una llamada al recuerdo de tu creación por Dios. No te hiciste a ti mismo. Siendo el Pensamiento de Dios, no has abandonado tu Fuente. El Hijo llama al Padre para recordar su Identidad y su impecabilidad. Al recordar tu Fuente, encuentras tu verdadera identidad. Eres santo, porque tu Fuente no puede conocer el pecado. Y todos los Hijos de Dios son iguales entre sí e iguales a Él. El regreso a la memoria de Dios es la curación.
Esta lección es la cima de una serie que comenzó en la lección 251 (necesidad de verdad) y continuó con la identidad (252), la soberanía (253), el objetivo (256-258) y la inocencia (259). Abre el camino a las lecciones 261-270, que exploran la vida a partir de esta identidad recobrada: la seguridad en Dios (261), la visión santa (263), el Amor omnipresente (264), y mucho más. Todo se deriva de este recuerdo.
Para aplicar esta lección hoy, cada vez que dudes de tu valor, de tu capacidad o de tu identidad, repite: "Dios me creó. Soy Su Pensamiento, y Su Pensamiento es perfecto". Mírate en el espejo y di: "No eres el producto de tus errores. Eres la creación de Dios". Mira a los demás y di: "A ti también te creó Dios. Somos iguales, santos y perfectos en Él". Deja que este recuerdo transforme tu percepción de ti mismo y del mundo.
No eres un accidente. No eres el resultado de circunstancias aleatorias. Eres el Pensamiento intencionado y amoroso de Dios. Recuerda esto, y todo lo demás se ilumina.
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