Todo lo que hace falta es entrenar nuestras mentes para pasar por alto todos los fines pequeños y sin sentido, y recordar que nuestra meta es Dios. Su recuerdo está oculto en nuestras mentes, oscurecido solo por nuestras pequeñas metas sin sentido que no ofrecen nada y no existen. ¿Seguiremos permitiendo que la gracia de Dios brille sin ser advertida, mientras se buscan en su lugar los juguetes y las baratijas del mundo? Dios es nuestra única meta, nuestro único Amor. No tenemos más objetivo que recordarLo.
Nuestra meta es solo seguir el camino que conduce a Ti. No tenemos más meta que esta. ¿Qué podríamos querer sino recordarTe? ¿Qué podríamos buscar sino nuestra identidad?
✨ Resumen y puesta en práctica
Más allá de todos tus pequeños objetivos, tu único objetivo es Dios.
Tras haber aprendido la importancia de recordar tu objetivo (lección 257), esta lección va directa a lo esencial: más allá de todos tus pequeños objetivos cotidianos —la carrera, las relaciones, el ocio, la salud— no hay más que un solo objetivo que valga de verdad. En el plan de estudios, es un desescombro mental necesario. Estás abarrotado de tantos objetivos insignificantes que no ofrecen nada y ni siquiera existen realmente. Esta lección te propone pasar por encima de todos esos objetivos minúsculos para quedarte solo con lo esencial.
La idea central es de una claridad purificadora. Te basta con entrenar tu mente a pasar por encima de todos los pequeños objetivos insensatos, y a recordar que tu objetivo es Dios. Su recuerdo está oculto en tu mente, oscurecido únicamente por esos pequeños objetivos inútiles. La gracia de Dios ya brilla en ti, pero buscas los juguetes y las baratijas del mundo. Dios es tu único amor, tu único objetivo, tu única Identidad. ¿Qué otra cosa podrías buscar que tu Identidad?
Esta lección es la continuación lógica de la lección 257: no solo hay que recordar, sino recordar la cosa correcta. Prepara las lecciones 259-260 sobre el recuerdo de que no hay pecado y de que Dios te creó. Hace eco también de las lecciones 251-255 sobre la identidad divina. El objetivo es Dios, y Dios es tu Identidad, por lo tanto tu objetivo es también tu destino y tu naturaleza. Simplemente buscas reencontrarte a ti mismo.
Concretamente, hoy toma conciencia de todos los objetivos que te hacen correr. Haz una lista rápida en tu cabeza: conseguir esto, lograr aquello, agradar a fulano. Luego, para cada objetivo, atraviésalo y pregunta: "¿Es mi objetivo verdadero, o es un juguete que enmascara el recuerdo de Dios?". Después déjalo caer. No tienes que abandonar tus actividades, sino verlas como medios al servicio del único objetivo verdadero: recordar a Dios.
Los juguetes del mundo divierten un instante, pero no satisfacen el corazón. Solo tú, el Hijo de Dios, necesitas algo mucho más grande: recordar a Aquel que te creó.
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