Mi Ser es santo más allá de todos los pensamientos de santidad que ahora concibo. Su pureza resplandeciente y perfecta es mucho más brillante que cualquier luz que yo haya contemplado jamás. Su amor es ilimitado, con una intensidad que sostiene todas las cosas dentro de sí en la calma de una certeza silenciosa. Su fuerza no viene de los ardientes impulsos que mueven el mundo, sino del Amor ilimitado de Dios Mismo. ¡Cuán lejos de este mundo debe de estar mi Ser, y sin embargo cuán cerca de mí y cercano a Dios!
Padre, Tú conoces mi verdadera identidad. Revélamela ahora a mí, que soy Tu Hijo, para que despierte a la verdad en Ti y sepa que el Cielo me es restituido.
✨ Resumen y puesta en práctica
El Hijo de Dios no es un concepto: es tu Identidad.
Esta lección es una de las más profundas del plan de estudios. Tras haber reconocido que solo la verdad cuenta (lección 251), te revela quién eres de verdad. No es una idea filosófica ni una bella metáfora: el Hijo de Dios es tu verdadera Identidad. El plan de estudios te lleva aquí al corazón de la cuestión de la identidad. Todo el trabajo de perdón, de soltar y de visión no tenía más que un solo objetivo: permitirte reconocer Quién eres.
La idea central es que tu Ser es santo más allá de todo pensamiento de santidad que puedas concebir. Su pureza centelleante sobrepasa todas las luces que hayas contemplado jamás. Su amor es ilimitado, su fuerza no viene de los impulsos del mundo sino del Amor sin límites de Dios. Este Ser está muy por encima del mundo y sin embargo muy cerca de Dios. La oración final pide al Padre que revele esta verdadera Identidad, para que despiertes a la verdad en Él.
Esta lección es la cima de una serie que comenzó con el reconocimiento de la necesidad de verdad (251). Prepara las lecciones 253-255, donde descubrirás el poder de esta identidad: tu Ser gobierna el universo, toda voz salvo la de Dios debe callar, y eliges la paz perfecta. Todas las lecciones anteriores, del perdón (247) a la seguridad (244), convergen aquí como ríos que desembocan en el océano de la identidad.
Concretamente, hoy tómate un momento de silencio. Cierra los ojos y repite lentamente: "El Hijo de Dios es mi Identidad". No busques comprender con tu mente. Deja que esta verdad descienda a tu corazón. Cuando mires a los demás, recuerda que comparten contigo esta misma Identidad. Cuando te mires en el espejo, mira más allá del rostro que ves y reconoce al Hijo de Dios que te mira.
No eres lo que pensabas ser. Eres el Hijo amado de Dios, creado perfecto y santo por la eternidad. Esa es tu verdadera Identidad. No lo olvides nunca.
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