Déjame contemplar hoy al Hijo de Dios y dar testimonio de su gloria. No me dejes tratar de oscurecer la santa luz que hay en él, ni ver su fuerza disminuida y reducida a fragilidad; ni percibir en él las carencias con las que atacaría su soberanía.
Él es Tu Hijo, Padre mío. Y hoy quiero contemplar su dulzura en lugar de mis ilusiones. Él es lo que yo soy, y como lo veo a él así me veo a mí mismo. Hoy quiero ver verdaderamente, para que este día pueda por fin identificarme con él.
✨ Resumen y puesta en práctica
No te veas como limitado, eres mucho más grande.
Tras haber visto el perdón transformar el mundo (lección 249), esta lección te invita a volver esa mirada perdonadora hacia ti mismo. En el plan de estudios, es una etapa delicada porque tienes la costumbre de verte como pequeño, limitado, frágil. Esta lección te pide que dejes todo eso: contempla al Hijo de Dios en su gloria sin intentar oscurecer su luz. No lo veas disminuido o debilitado, porque eso sería atacar su soberanía.
La idea central es que la manera en que ves a tu hermano determina la manera en que te ves a ti mismo. Al contemplar su dulzura y su fuerza en lugar de tus ilusiones sobre él, contemplas tu propio ser verdadero. "Como lo veo, así me veo a mí mismo". Estás invitado a ver verdaderamente hoy para identificarte por fin con el Hijo de Dios. Tu percepción de los demás es el espejo de tu propia identidad.
Esta lección hace de puente entre la serie sobre el perdón (247-249) y la serie sobre la identidad que comienza en la lección 251. Muestra que el perdón de los demás y el redescubrimiento de uno mismo son inseparables. La lección 252 te revelará que el Hijo de Dios es tu Identidad, y esta prepara el terreno. Las lecciones 253-255 profundizarán el poder de esta identidad recobrada.
Para aplicar esto hoy, elige a una persona que tiendas a ver como débil, limitada o imperfecta. Mírala conscientemente como el Hijo de Dios que es, sin ningún límite. Luego, aplica la misma visión a ti mismo. Cada vez que te sorprendas pensando "no puedo", "soy demasiado...", "me falta...", corrígete: "Soy el Hijo de Dios. No estoy limitado". Repítelo hasta que la creencia se instale.
Eres mucho más vasto que todos los límites que te impones. Mírate como Dios te ve, y serás libre.
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