El pecado es el símbolo del ataque. Contémplalo en cualquier parte, y sufriré. Pues el perdón es el único medio por el cual la visión de Cristo viene a mí. Déjame aceptar como simple verdad lo que Su vista me muestra, y quedo completamente sanado. Hermano, ven y déjame mirarte. Tu belleza refleja la mía. Tu impecabilidad es la mía. Estás perdonado, y yo estoy contigo.
Así quiero mirar hoy a todos. Mis hermanos son Tus Hijos. Tu Paternidad los creó y me los dio a todos como parte de Ti y también de mi propio Ser. Hoy Te honro a través de ellos, y así espero este día reconocer mi Ser.
✨ Resumen y puesta en práctica
Sin perdón, permaneces ciego a la belleza del mundo.
Esta lección llega tras haber comprendido que el amor a los demás es el camino hacia Dios (lección 246). El plan de estudios te muestra ahora por qué el perdón es tan esencial. Sin él, permaneces ciego, incapaz de ver la realidad. El pecado se define como el símbolo del ataque, y verlo en cualquier parte te hace sufrir. El perdón no es opcional: es el único medio por el cual la visión de Cristo puede venir a ti.
La idea central es que el perdón es el remedio de la ceguera espiritual. Al perdonar, ves la belleza de tu hermano, que refleja la tuya. Su impecabilidad es la tuya. Eres perdonado, y perdonas al mismo tiempo. Es un movimiento circular de curación. Al mirar a cada uno a través del perdón, honras al propio Dios, pues tus hermanos son Sus Hijos, dados a ti como parte de tu Ser.
Esta lección se apoya directamente en las precedentes: tras haber reconocido que amar a Dios es amar a Su Hijo (246), aprendes que el perdón es el medio de ver a ese Hijo tal como es. Prepara también las lecciones 248 y 249 sobre el fin del sufrimiento mediante el perdón. La visión de Cristo no es una visión mágica: es simplemente ver con los ojos del perdón. Cuanto más perdonas, más claramente ves.
Para vivir esta lección hoy, comienza identificando a toda persona a la que te cueste mirar. Quizá una persona que te ha herido, o alguien a quien juzgas severamente. Mírala con los ojos del perdón: ve más allá de sus acciones, ve al Hijo de Dios que es. Dile mentalmente: "Hermano, tu belleza refleja la mía. Eres perdonado, y yo lo soy contigo". Haz esto con cada persona que encuentres hoy.
El perdón es la llave que abre todos los ojos. Sin él, caminas en la oscuridad. Con él, la luz de Cristo ilumina todo lo que ves.
Inscribirme para recibir las lecciones cada día por correo o Telegram y gestionar mis preferencias
Me inscribo gratis →