Tamaño del texto
Lección 244

No estoy en peligro en ningún lugar del mundo.

Tu Hijo está a salvo dondequiera que esté, pues Tú estás allí con él. Solo necesita invocar Tu Nombre y recordará su seguridad y Tu Amor, pues son uno. ¿Cómo puede temer o dudar o dejar de saber que no puede sufrir, ni estar en peligro, ni experimentar infelicidad, cuando te pertenece a Ti, amado y amante, en la seguridad de Tu abrazo de Padre?

Y allí estamos en verdad. Ninguna tormenta puede entrar en el santificado refugio de nuestro hogar. En Dios estamos seguros. Pues ¿qué puede venir a amenazar al mismo Dios, o a asustar a lo que será para siempre una parte de Él?

✨ Resumen y puesta en práctica

En ninguna parte estás en peligro, porque Dios está contigo.

Tras haber aprendido a no juzgar (lección 243), esta lección ataca un miedo fundamental: el del peligro. En el plan de estudios, es un punto de inflexión importante. Empiezas a darte cuenta de que la seguridad no depende de las circunstancias exteriores sino de la presencia de Dios en ti. El mundo puede parecer amenazador, con sus tormentas y sus incertidumbres, pero esta lección te recuerda la verdad más tranquilizadora: el Hijo de Dios está a salvo en todas partes.

La idea central es simple y poderosa. Solo tienes que invocar el Nombre de Dios para recordar tu seguridad y Su Amor, porque son uno solo. ¿Cómo podrías tener miedo, dudar o sufrir cuando perteneces a Dios, amado en Su abrazo paternal? Ninguna tormenta puede alcanzar el refugio sagrado de tu morada en Dios. Porque ¿qué podría amenazar al propio Dios o asustar a lo que forma eternamente parte de Él?

Esta lección se apoya en la anterior, donde aprendiste a no juzgar. Al dejar de juzgar, dejas también de proyectar el miedo sobre el mundo. Prepara las lecciones que siguen sobre la paz que te acompaña (245) y el amor del Padre por Su Hijo (246). Es una piedra angular: una vez que sabes que estás a salvo, todo lo demás puede verse bajo una luz nueva. El miedo ya no tiene dominio.

Para poner esto en práctica, cada vez que sientas miedo hoy —ya sea por tu salud, tus finanzas, tus relaciones o el futuro—, detente e invoca el Nombre de Dios. Di simplemente: "Padre, soy Tu Hijo. Estoy a salvo porque Tú estás conmigo". No busques analizar el miedo. Sustitúyelo simplemente por la certeza de Su presencia. Verás que el miedo se derrite como nieve al sol cuando recuerdas Quién está contigo.

Nunca estás solo. Cada paso que das se da en el abrazo amoroso de Dios. Nada puede alcanzarte allí.

Inscribirme para recibir las lecciones cada día por correo o Telegram y gestionar mis preferencias

Me inscribo gratis →
Preguntar a Un Curso de Milagros