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Lección 235

Dios, en Su misericordia, quiere que yo me salve.

Solo necesito mirar todas las cosas que parecen herirme y asegurarme con perfecta certeza: Dios quiere que me salve de esto; y simplemente verlas desaparecer. Solo necesito tener presente que la Voluntad de mi Padre para mí es únicamente felicidad, para descubrir que solo la felicidad ha venido a mí. Y solo necesito recordar que Su Amor rodea a Su Hijo y mantiene su impecabilidad perfecta para siempre, para estar seguro de que estoy salvado y a salvo para siempre en Sus brazos. Soy el Hijo a quien Él ama. Y estoy salvado porque Dios, en Su misericordia, así lo quiere.

Padre, Tu santidad es mía. Tu Amor me creó y convirtió mi impecabilidad en parte de Ti para siempre. No hay culpa ni pecado en mí, pues no los hay en Ti.

✨ Resumen y puesta en práctica

Dios, en Su misericordia, quiere que seas salvado

esta lección te da un proceso simple y poderoso para disolver todo sufrimiento. «Solo tengo que mirar todas las cosas que parecen herirme, y luego asegurarme con perfecta certeza: “Dios quiere que yo sea salvado de esto”, para verlas simplemente desaparecer». Es un proceso en tres etapas: mira lo que te hiere —una situación, una emoción, una persona. asegura de estar salvados y a salvo para siempre en.

La lección continúa: «Solo tengo que tener presente que la Voluntad de mi Padre para mí es solamente la felicidad, para descubrir que solo la felicidad me ha llegado». La Voluntad de Dios para ti no es ambigua: es solamente la felicidad.

La tercera etapa es la memoria del Amor protector de Dios: «Y solo tengo que recordar que el Amor de Dios rodea a Su Hijo y mantiene su impecabilidad para siempre perfecta, para estar seguro de estar salvado y a salvo para siempre en Sus Brazos». Estás rodeado por el Amor de Dios como por una envoltura protectora que mantiene tu impecabilidad perfecta.

Puesta en práctica:

Hoy, cada vez que algo te hiera —una palabra, una situación, un pensamiento—, detente y aplica el proceso en tres etapas: 1) Mira la cosa que parece herirte. 2) Afirma con perfecta certeza: «Dios quiere que yo sea salvado de esto». 3) Recuerda que el Amor de Dios te rodea y que tu impecabilidad es perfecta.

Dios no quiere que sufras, nunca: el sufrimiento es siempre una llamada a recordar que Su voluntad para ti es solamente la felicidad, y que esa felicidad ya está presente.

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