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Lección 187

Bendigo al mundo porque me bendigo a mí mismo.

Nadie puede dar a menos que tenga. De hecho, dar es prueba de tener. Hemos hecho este punto antes. Lo que parece hacerlo difícil de creer no es esto. Nadie puede dudar de que primero debes poseer lo que darías. Es la segunda fase en la que el mundo y la verdadera percepción difieren. Habiendo tenido y dado, el mundo afirma entonces que has perdido lo que poseías. La verdad sostiene que dar aumentará lo que posees.


¿Cómo es esto posible? Pues es seguro que si regalas una cosa finita, los ojos de tu cuerpo no la percibirán tuya. Sin embargo, hemos aprendido que las cosas solo representan los pensamientos que las hacen. Y no careces de pruebas de que cuando regalas ideas, las fortaleces en tu propia mente. Quizá la forma en que el pensamiento parece aparecer cambie al darlo. Pero debe volver a quien lo da. Ni la forma que adopte puede ser menos aceptable. Debe ser más.


Las ideas deben primero pertenecerte, antes de que las des. Si has de salvar al mundo, primero aceptas la salvación para ti mismo. Pero no creerás que esto está hecho hasta que veas los milagros que trae a todos a quienes miras. Aquí queda aclarada la idea de dar y se le da significado. Ahora puedes percibir que con tu dar se aumenta tu reserva.


Protege todas las cosas que valoras mediante el acto de darlas, y estarás seguro de que nunca las perderás. Lo que pensabas que no tenías queda así probado tuyo. Pero no valores su forma. Pues esta cambiará, y se volverá irreconocible con el tiempo, por mucho que trates de mantenerla segura. Ninguna forma perdura. Es el pensamiento detrás de la forma de las cosas lo que vive inmutable.


Da con alegría. Solo puedes ganar con ello. El pensamiento permanece y crece en fortaleza al ser reforzado por el dar. Los pensamientos se extienden al ser compartidos, pues no pueden perderse. No hay dador y receptor en el sentido en que el mundo los concibe. Hay un dador que retiene; otro que dará también. Y ambos deben ganar en este intercambio, pues cada uno tendrá el pensamiento en la forma más útil para él. Lo que parece perder es siempre algo que valorará menos de lo que se le devolverá con seguridad.


Nunca olvides que solo te das a ti mismo. Quien comprende lo que significa dar debe reírse de la idea del sacrificio. Ni puede dejar de reconocer las muchas formas que el sacrificio puede adoptar. Se ríe también del dolor y la pérdida, de la enfermedad y de la pena, de la pobreza, del hambre y de la muerte. Reconoce que el sacrificio sigue siendo la única idea que está tras todos ellos, y en su gentil risa son sanados.


Las ilusiones reconocidas deben desaparecer. No aceptes el sufrimiento, y quitas el pensamiento de sufrimiento. Tu bendición yace sobre todos los que sufren cuando eliges ver todo sufrimiento como lo que es. El pensamiento de sacrificio da lugar a todas las formas que el sufrimiento parece adoptar. Y el sacrificio es una idea tan loca que la cordura la descarta al instante.


Nunca creas que puedes sacrificar. No hay lugar para el sacrificio en lo que tiene algún valor. Si el pensamiento ocurre, su sola presencia prueba que ha surgido el error, y debe hacerse la corrección. Tu bendición lo corregirá. Dada primero a ti, es ahora tuya para dar también. Ninguna forma de sacrificio y sufrimiento puede perdurar mucho ante el rostro de quien ha perdonado y se ha bendecido a sí mismo.


Los lirios que tu hermano te ofrece son depositados en tu altar, con los que tú le ofreces a él junto a ellos. ¿Quién podría temer mirar una santidad tan hermosa? La gran ilusión del miedo a Dios se reduce a la nada ante la pureza que mirarás aquí. No tengas miedo de mirar. La bienaventuranza que contemplarás quitará todo pensamiento de forma, y dejará en su lugar el don perfecto para siempre ahí, para aumentar siempre, siempre tuyo, siempre dado.


Ahora somos uno en pensamiento, pues el miedo se ha ido. Y aquí, ante el altar de Un Dios, Un Padre, Un Creador y Un Pensamiento, estamos juntos como un solo Hijo de Dios. No separados de Aquel que es nuestra Fuente; no distantes de ningún hermano que es parte de nuestro Único Ser cuya inocencia nos ha unido a todos como uno, estamos en bienaventuranza y damos como recibimos. El Nombre de Dios está en nuestros labios. Y al mirar dentro, vemos la pureza del Cielo brillar en nuestro reflejo del Amor de nuestro Padre.


Ahora somos bendecidos, y ahora bendecimos al mundo. Lo que hemos mirado querríamos extenderlo, pues querríamos verlo en todas partes. Querríamos contemplarlo brillando con la gracia de Dios en todos. No querríamos que se retuviera de nada de lo que miramos. Y para asegurar que esta santa vista sea nuestra, la ofrecemos a todo lo que vemos. Pues donde la veamos, se nos devolverá en forma de lirios que podemos colocar en nuestro altar, haciéndolo un hogar para la Inocencia Misma, que mora en nosotros y nos ofrece Su Santidad como nuestra.

✨ Resumen y puesta en práctica

Al bendecirte a ti mismo, bendices al mundo entero.

Nadie puede dar a menos que tenga. Dar es la prueba de que se posee. Pero es en la segunda parte donde el mundo y la verdad divergen. El mundo afirma que cuando has dado algo, lo has perdido. La verdad, en cambio, sostiene que dar aumenta lo que posees. ¿Cómo es posible? Cuando das una cosa material, los ojos de tu cuerpo ya no la perciben como tuya.

Las ideas deben pertenecerte primero antes de que las des. Si has de salvar al mundo, aceptas primero la salvación para ti mismo. Pero no creerás que está hecho hasta que veas los milagros que eso aporta a todos aquellos a quienes miras.

No estimes la forma de las cosas que das, porque cambiará y se hará irreconocible con el tiempo, por mucho que intentes preservarla. Ninguna forma dura. Es el pensamiento detrás de la forma lo que vive sin cambiar. Da, pues, con alegría: solo puedes ganar. El pensamiento permanece y crece en fuerza, reforzado por el acto de dar.

Puesta en práctica:

Hoy, elige una cualidad que reconozcas en ti —la paz, la alegría, el amor— y ofrécela conscientemente a cada persona que encuentres. No busques obtener nada a cambio. Observa cómo, al dar esa cualidad, se hace más fuerte en ti. Si te sientes vacío o desprovisto, no intentes dar más: primero recibe de Dios la bendición para ti mismo, y luego compártela. El gesto de dar es tu prueba de que posees.

Al bendecirte a ti mismo, te conviertes en una fuente que no se agota, y el mundo entero es refrescado por el agua viva que fluye de ti.

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