La idea de hoy enuncia solamente la simple verdad que hace imposible el pensamiento de pecado. Promete que no hay causa para la culpa, y al no tener causa no existe. Se sigue con seguridad del pensamiento básico tantas veces mencionado en el texto: las ideas no abandonan su fuente. Si esto es verdad, ¿cómo puedes estar separado de Dios? ¿Cómo podrías caminar por el mundo solo y separado de tu Fuente?
No somos inconsecuentes en los pensamientos que presentamos en nuestro currículo. La verdad debe ser verdadera en todo si es verdadera. No puede contradecirse a sí misma, ni ser incierta en unas partes y segura en otras. No puedes caminar por el mundo separado de Dios porque no podrías existir sin Él. Él es lo que tu vida es. Donde tú estás, Él está. Hay una sola Vida. Esa Vida la compartes con Él. Nada puede estar separado de Él y vivir.
Pero donde Él está debe haber santidad así como vida. Ningún atributo Suyo queda sin compartir por todo lo que vive. Lo que vive es santo como Él Mismo porque lo que comparte Su vida es parte de la Santidad, y no podría ser pecaminoso, como tampoco el sol podría elegir ser de hielo; el mar optar por estar separado del agua, o la hierba crecer con las raíces suspendidas en el aire.
Hay una Luz en ti que no puede morir, cuya Presencia es tan santa que el mundo es santificado por tu causa. Todas las cosas que viven te traen dones, y los ofrecen con gratitud y alegría a tus pies. El aroma de las flores es su don para ti. Las olas se inclinan ante ti, y los árboles extienden sus brazos para protegerte del calor y depositan sus hojas ante ti en el suelo para que camines con suavidad, mientras el viento se reduce a un susurro alrededor de tu santa cabeza.
La Luz que hay en ti es lo que el universo anhela contemplar. Todos los seres vivos callan ante ti, pues reconocen Quién camina contigo.
La luz que llevas es la suya propia, y así ven en ti su santidad, saludándote como Salvador y como Dios. Acepta su reverencia, pues se debe a la Santidad misma que camina contigo, transformando con Su gentil Luz todas las cosas a Su semejanza y a Su pureza.
Así es como funciona la salvación. A medida que das un paso atrás, la Luz que hay en ti da un paso adelante y abarca el mundo. No anuncia el fin del pecado en castigo y muerte. En ligereza y en risa se va, porque se ve su pintoresca absurdidad. Es un pensamiento necio, un sueño tonto, no aterrador, ridículo quizá, pero ¿quién perdería un instante en acercarse a Dios Mismo por un capricho tan insensato?
Sin embargo, has desperdiciado muchos, muchos años en este mismo pensamiento necio. El pasado se ha ido con todas sus fantasías. Ya no te mantienen atado. La aproximación a Dios está cerca. Y en el pequeño intervalo de duda que aún queda, quizá pierdas de vista a tu Compañero, y Lo confundas con el sueño insensato y antiguo que ahora ha pasado.
¿Quién camina conmigo? Esta pregunta debería hacerse mil veces al día, hasta que la certeza haya puesto fin a la duda y establecido la paz. Que hoy cese la duda.
Dios habla por ti al responder tu pregunta con estas palabras:
Camino con Dios en santidad perfecta.
Ilumino el mundo, ilumino mi mente y todas las mentes que Dios creó una conmigo.
✨ Resumen y puesta en práctica
Caminas en la luz y el mundo es santificado contigo.
Donde Él está, hay santidad tanto como vida. Cada atributo de Dios es compartido por todo lo que vive. Eres santo porque compartes Su vida. Hay en ti una luz que no puede morir, cuya presencia es tan santa que el mundo entero es santificado por causa de ti. El perfume de las flores es un regalo que te hacen. Las olas se inclinan ante ti, los árboles extienden sus brazos para abrigarte. La luz que hay en ti es tan brillante que nada puede tocarte.
Esta lección es el punto culminante de las lecciones 153-155. La no-defensa (153) y el ceder el paso (155) conducen a esta conciencia de caminar con Dios. La 157 (entrar en Su presencia) y la 164 (uno con nuestra Fuente) profundizan esta experiencia. Los repasos 173 y 177 enlazan estas lecciones entre sí. Caminar con Dios no es un concepto: es una experiencia accesible ahora.
Puesta en práctica:
Hoy, al caminar —ya sea por la calle, en tu casa o en un parque—, toma conciencia de la presencia que te acompaña. Cada paso es un paso con Dios. Cada aliento es compartido con Él. Siente la santidad de este simple hecho. Deja que el mundo a tu alrededor te rinda homenaje, sin orgullo, solo con gratitud. Caminas en la luz.
Eres santo. No porque seas perfecto, sino porque Dios está contigo.
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