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Lección 148

Repaso (135 y 136)

(135) Si me defiendo, soy atacado.

(136) La enfermedad es una defensa contra la verdad.

✨ Resumen y puesta en práctica

Deponer las armas: el fin de las defensas y la curación del corazón

Querido amigo, este repaso de las lecciones 135 y 136 te invita a mirar de frente las defensas que has construido a tu alrededor. Con el pensamiento de que tu mente solo contiene lo que piensas con Dios, abordas aquí uno de los temas más delicados: ¿por qué te proteges tan ferozmente? El repaso es esa parada en el camino que te permite depositar las armas que llevas sin siquiera darte cuenta, para descubrir tu verdadera fuerza.

La lección 135 enuncia una verdad paradójica: si te defiendes, eres atacado. Cada defensa que erijas da a las ilusiones una realidad que no tienen y aumenta tu miedo en lugar de disminuirlo. La lección 136 va más lejos: la enfermedad misma es una defensa contra la verdad, un mecanismo oculto para evitar la realidad que podría sanarte. Todas tus defensas son como varitas mágicas que blandes cuando la verdad amenaza con mostrarte que ya eres libre.

El vínculo entre estas lecciones es conmovedor de claridad: las defensas que usas para protegerte de los demás son las mismas que te enferman. No haces diferencia entre defenderte de un ataque exterior y defenderte de la verdad interior. Pero he aquí la buena noticia: cuando comprendes que la enfermedad no tiene ningún propósito verdadero que sirva a tu felicidad, puedes elegir la curación. Lo que es real, lo que viene de Dios, no necesita protección contra ilusiones.

En la práctica hoy, obsérvate sin juicio. Advierte los momentos en que te sientes a la defensiva. Cada vez que sientas subir esa tensión, detente y respira. Dite con suavidad: « No necesito defenderme, porque lo que soy realmente no puede ser atacado. » Luego baja la guardia. Descubrirás que la vulnerabilidad que tanto temías es en realidad la puerta hacia una paz que nada puede quebrantar.

Recuerda: no necesitas ninguna defensa, pues la verdad de lo que eres está protegida para siempre por Dios mismo.

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