El mundo que ves no tiene nada que necesites que te ofrezca; nada que puedas usar de ninguna manera, ni nada que sirva en absoluto para darte alegría. Cree este pensamiento, y te salvarás de años de desdicha, de incontables desilusiones, y de esperanzas que se convierten en amargas cenizas de desesperación. Nadie puede dejar de aceptar este pensamiento como verdadero, si quiere dejar este mundo atrás y elevarse más allá de su mezquino alcance y sus pequeñas costumbres.
Cada cosa que valoras aquí no es sino una cadena que te ata al mundo, y no servirá a ningún otro fin. Pues todo debe servir al propósito que le has dado hasta que veas allí un propósito diferente. El único propósito digno de tu mente que contiene este mundo es que pases de largo por él, sin demorarte en percibir alguna esperanza donde no la hay. No te dejes engañar más. El mundo que ves no tiene nada que yo quiera.
Escapa hoy de las cadenas que pones a tu mente cuando percibes la salvación aquí. Pues lo que valoras lo haces parte de ti, tal como te percibes a ti mismo. Todas las cosas que buscas para hacer mayor tu valor ante tus propios ojos te limitan aún más, te ocultan tu valía, y añaden otra barra a la puerta que conduce a la verdadera conciencia de tu Ser.
Que nada relacionado con los pensamientos del cuerpo retrase tu progreso hacia la salvación, ni permitas que la tentación de creer que el mundo tiene algo que quieras te retenga. Aquí no hay nada que apreciar. Nada aquí vale un instante de demora y de dolor; un momento de incertidumbre y de duda. Lo sin valor no ofrece nada. La certeza de valía no puede hallarse en lo que no vale.
Hoy practicamos dejar ir todo pensamiento sobre los valores que hemos dado al mundo. Lo dejamos libre de los propósitos que dimos a sus aspectos, a sus fases y a sus sueños. Lo mantenemos sin propósito en nuestras mentes, y lo soltamos de todo lo que deseamos que fuera. Así levantamos las cadenas que atrancan la puerta de la libertad del mundo, y vamos más allá de todos los valores pequeños y las metas disminuidas.
Haz las paces y está quieto un rato, y mira cuánto te elevas por encima del mundo cuando liberas tu mente de las cadenas y dejas que busque el nivel donde se halla en su hogar. Estará agradecida de ser libre un rato. Sabe dónde pertenece. Pero libera sus alas, y volará con seguridad y con alegría para unirse a su santo propósito. Deja que descanse en su Creador, y que allí sea restaurada a la cordura, a la libertad y al amor.
Dale diez minutos de descanso tres veces hoy. Y cuando abras los ojos después, no valorarás nada de lo que veas tanto como antes de mirarlo. Toda tu perspectiva del mundo cambiará un poco cada vez que dejes que tu mente escape de sus cadenas. El mundo no está donde debe estar. Y tú perteneces donde él querría estar, y a donde va a descansar cuando lo liberas del mundo. Tu Guía es seguro. Abre tu mente a Él. Está quieto y descansa.
Protege también tu mente durante todo el día. Y cuando creas ver algún valor en un aspecto o en una imagen del mundo, rehúsa poner esta cadena a tu mente, y dite con serena certeza:
Esto no me tentará a retrasarme.
El mundo que veo no tiene nada que yo quiera.
✨ Resumen y puesta en práctica
Este mundo no tiene nada real que ofrecerte.
Esta lección puede parecer dura, pero en realidad es una inmensa liberación. El mundo que ves con tus ojos (el de las posesiones, los estatus, los placeres efímeros, los cuerpos y las apariencias) no tiene nada que ofrecerte que realmente necesites. Cada pequeña cosa a la que te aferras aquí abajo es una cadena que te ata. Buscas valor donde no lo hay, y sufres por esa búsqueda vana.
No es una renuncia triste, no. Es un soltar alegre. El mundo que ves es despiadado, inestable, cruel. Da para quitar mejor. No hay amor duradero aquí abajo. Pero al reconocer que nada aquí vale la pena retener, te abres a recibir lo que de verdad tiene valor. Todo lo que estimas en este mundo te limita y te oculta tu verdadera grandeza.
Esta lección sigue a la 127: si solo el amor de Dios es real, entonces el mundo que ves no puede contener lo que realmente quieres. Prepara la 129 sobre el mundo que quieres más allá de este. La lección 130 te mostrará que es imposible ver dos mundos: hay que elegir. Las lecciones 131 y 133 continuarán sobre el tema de la elección: no busques lo que carece de valor.
Puesta en práctica:
Mira a tu alrededor hoy. Toma un objeto al que tengas apego (una foto, una prenda, un teléfono). Observa el apego que sientes. Luego dite con suavidad: « Esto no contiene nada que yo quiera de verdad. » No intentes separarte de ello, conténtate con reconocer que tu verdadero valor está en otra parte. Respira y siente la ligereza que viene.
Este mundo no es tu hogar. Pero no tienes que renunciar a él, solo a verlo tal como es.
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