Para el repaso de la mañana y de la noche:
[105] La paz y la alegría de Dios son mías.
Hoy aceptaré la paz y la alegría de Dios a cambio gozoso de todos los sustitutos que he hecho de la felicidad y de la paz.
[106] Déjame estar quieto y escuchar la verdad.
Que mi propia débil voz se aquiete, y déjame oír la poderosa Voz de la verdad misma asegurarme que soy el Hijo perfecto de Dios.
En punto:
La paz y la alegría de Dios son mías.
A la media hora:
Déjame estar quieto y escuchar la verdad.
✨ Resumen y puesta en práctica
Este repaso te devuelve a las lecciones 105 y 106: la aceptación de la paz y la alegría de Dios, y la invitación al silencio para escuchar la verdad. La lección 105 declara: « La paz y la alegría de Dios son mías », una afirmación de herencia, no de petición. La lección 106 te invita: « Que esté en calma y escuche la verdad », el método para recibir esa herencia. Juntas, forman la práctica: ya posees la paz y la alegría, pero debes hacer silencio para reconocerlas.
« Hoy aceptaré la paz y la alegría de Dios, en alegre intercambio por todos los sustitutos que he hecho de la felicidad y la paz. » Esta línea resume el movimiento del curso: cambia tus ilusiones por la verdad. Y « Que mi propia y pequeña y débil voz se calle, y que oiga la Voz poderosa por la Verdad misma asegurarme de que soy el Hijo perfecto de Dios. » El silencio no es un vacío: es el espacio donde la verdad puede ser oída.
Tras los repasos 116-117 sobre la felicidad, el repaso 118 te hace pasar a la recepción activa de esa felicidad por el silencio. Los repasos 119-120 concluirán el lote 2 con la verdad que corrige (107), la unidad del dar-recibir (108), el descanso en Dios (109) y la identidad eterna (110). Estás casi al final del lote 2. Estos últimos repasos te invitan a la paz más profunda.
Hoy, repasa mañana y noche: « La paz y la alegría de Dios son mías » y « Que esté en calma y escuche la verdad. » A cada hora: « La paz y la alegría de Dios son mías. » A cada media hora: « Que esté en calma y escuche la verdad. » Tómate un momento de silencio entre cada actividad. Incluso treinta segundos bastan para dejar que la paz y la alegría de Dios te atraviesen.
En el silencio, la paz y la alegría de Dios te esperan. Haz silencio y recíbelas.
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