El Santo no tiene sentimientos inmutables. Adopta los sentimientos del pueblo.
Al que es virtuoso, lo trata como a un hombre virtuoso; al que no es virtuoso, también lo trata como a un hombre virtuoso. Ahí está el colmo de la virtud.
Al que es sincero, lo trata como a un hombre sincero; al que no es sincero, también lo trata como a un hombre sincero. Ahí está el colmo de la sinceridad.
El Santo, viviendo en el mundo, permanece sereno y tranquilo, y conserva los mismos sentimientos hacia todos.
Las cien familias fijan en él sus oídos y sus ojos.
El Santo mira al pueblo como a un niño.
Al que es virtuoso, lo trata como a un hombre virtuoso; al que no es virtuoso, también lo trata como a un hombre virtuoso. Ahí está el colmo de la virtud.
Al que es sincero, lo trata como a un hombre sincero; al que no es sincero, también lo trata como a un hombre sincero. Ahí está el colmo de la sinceridad.
El Santo, viviendo en el mundo, permanece sereno y tranquilo, y conserva los mismos sentimientos hacia todos.
Las cien familias fijan en él sus oídos y sus ojos.
El Santo mira al pueblo como a un niño.