Lo mira (el Tao) y no lo ve: se dice que es incoloro.
Lo escucha y no lo oye: se dice que es áfono.
Quiere tocarlo y no lo alcanza: se dice que es incorpóreo.
Estas tres cualidades no pueden examinarse con palabras. Por eso se las confunde en una sola. Su parte superior no está iluminada; su parte inferior no está oscura.
Es eterno y no puede ser nombrado.
Vuelve al no ser.
Se lo llama una forma sin forma, una imagen sin imagen.
Se lo llama vago, indeterminado.
Si va a su encuentro, no ve su rostro; si lo sigue, no ve su espalda.
Observando el Tao de los tiempos antiguos se pueden gobernar las existencias de hoy.
Si el hombre puede conocer el origen de las cosas antiguas, se dice que sostiene el hilo del Tao.
Lo escucha y no lo oye: se dice que es áfono.
Quiere tocarlo y no lo alcanza: se dice que es incorpóreo.
Estas tres cualidades no pueden examinarse con palabras. Por eso se las confunde en una sola. Su parte superior no está iluminada; su parte inferior no está oscura.
Es eterno y no puede ser nombrado.
Vuelve al no ser.
Se lo llama una forma sin forma, una imagen sin imagen.
Se lo llama vago, indeterminado.
Si va a su encuentro, no ve su rostro; si lo sigue, no ve su espalda.
Observando el Tao de los tiempos antiguos se pueden gobernar las existencias de hoy.
Si el hombre puede conocer el origen de las cosas antiguas, se dice que sostiene el hilo del Tao.