Se puede preguntar: ¿pueden coexistir el orgullo y la humildad en el corazón? Para responder, hay que definir el orgullo.
Hay dos clases de orgullo: el orgullo relacionado con las facultades corporales y los bienes materiales y corporales, y el relacionado con las cualidades espirituales e intelectuales, como la sabiduría, así como con las buenas obras. Todo orgullo de la primera clase destierra la humildad. Pues todo orgullo relacionado con las cosas de este mundo implica el desprecio del Señor de todo bien, la ignorancia de la inestabilidad de esas cosas y de la rapidez con que pueden desaparecer; también muestra que el hombre orgulloso piensa que él mismo es su propio benefactor y que su propia sabiduría y su propia fuerza le han procurado los bienes de los que se enorgullece.
Incluso el orgullo relacionado con las cualidades espirituales e intelectuales es de dos clases: una vergonzosa y otra admirable. La clase vergonzosa consiste en enorgullecerse de la propia sabiduría y de la rectitud de la propia conducta; lleva al hombre a considerarse grande a sus propios ojos y
Hay dos clases de orgullo: el orgullo relacionado con las facultades corporales y los bienes materiales y corporales, y el relacionado con las cualidades espirituales e intelectuales, como la sabiduría, así como con las buenas obras. Todo orgullo de la primera clase destierra la humildad. Pues todo orgullo relacionado con las cosas de este mundo implica el desprecio del Señor de todo bien, la ignorancia de la inestabilidad de esas cosas y de la rapidez con que pueden desaparecer; también muestra que el hombre orgulloso piensa que él mismo es su propio benefactor y que su propia sabiduría y su propia fuerza le han procurado los bienes de los que se enorgullece.
Incluso el orgullo relacionado con las cualidades espirituales e intelectuales es de dos clases: una vergonzosa y otra admirable. La clase vergonzosa consiste en enorgullecerse de la propia sabiduría y de la rectitud de la propia conducta; lleva al hombre a considerarse grande a sus propios ojos y
perfectamente satisfecho de sí mismo, y juzgando que le basta con tener buena reputación y ser alabado entre los seres humanos; lo incita a mirar con desprecio a los demás hombres, a desdeñarlos y a hablar mal de ellos, a tener en poca estima a los sabios de su tiempo y su grandeza, y a enorgullecerse de los defectos de sus semejantes y de su insensatez. Esto es lo que nuestros sabios quieren decir con «enorgullecerse de la vergüenza de su prójimo».
La forma admirable del orgullo es aquella en la que el sabio se enorgullece de su sabiduría, y el justo, de sus obras, reconociendo al mismo tiempo en ellas la inmensa benevolencia del Creador y alegrándose por esos dones. Tal orgullo respecto de esos dones lo impulsará entonces a desarrollarlos y a hacer buen uso de ellos, a ser humilde con todos los que lo rodean, a alegrarse con sus compañeros, a desear ardientemente su gloria, a cubrir sus faltas, a elogiarlos, a amarlos, a alegrarse de su felicidad y a velar por su honor. Entonces también sus propias buenas acciones le parecerán tan pequeñas que se esforzará sin cesar por aumentarlas. Será humilde, pues sentirá que es incapaz de realizar plenamente su ideal respecto de ellos, y estará lleno de gratitud hacia Dios por haberle concedido esas cualidades preciosas. Tal orgullo favorece la humildad, no la perjudica.