El verdadero ser del ídolo no es vano,
pues Dios lo ha creado,
y todo lo que viene de Él es bueno.
El ser es puro bien, y si contiene el mal,
este viene del «otro».
La Verdad es el culto a los ídolos,
si tan solo el musulmán lo supiera;
pero en los ídolos no ve
más que la criatura visible,
y no la Verdad oculta en el ídolo.
El culto a los ídolos es la unificación,
pues todas las cosas son símbolos del Ser.
Contar las cuentas del rosario, repetir las oraciones
y leer el Corán
no convierte al pagano en musulmán.
A quien se le revela la verdadera infidelidad
le repugna una fe fingida.
En cada cuerpo se oculta un alma,
y la verdadera fe disimula la infidelidad.
¿Quién ha adornado el rostro del ídolo
con tanta belleza?
¿Y quién se vuelve idólatra
si Dios no lo quiere?
En todas las cosas,
no veas más que Uno, no digas más que Uno, no conozcas más que Uno.
pues Dios lo ha creado,
y todo lo que viene de Él es bueno.
El ser es puro bien, y si contiene el mal,
este viene del «otro».
La Verdad es el culto a los ídolos,
si tan solo el musulmán lo supiera;
pero en los ídolos no ve
más que la criatura visible,
y no la Verdad oculta en el ídolo.
El culto a los ídolos es la unificación,
pues todas las cosas son símbolos del Ser.
Contar las cuentas del rosario, repetir las oraciones
y leer el Corán
no convierte al pagano en musulmán.
A quien se le revela la verdadera infidelidad
le repugna una fe fingida.
En cada cuerpo se oculta un alma,
y la verdadera fe disimula la infidelidad.
¿Quién ha adornado el rostro del ídolo
con tanta belleza?
¿Y quién se vuelve idólatra
si Dios no lo quiere?
En todas las cosas,
no veas más que Uno, no digas más que Uno, no conozcas más que Uno.