En el corazón vacío, despojado de sí mismo,
puede oírse el eco del grito:
«Yo soy la Verdad».
Así, el hombre se hace uno con el Eterno,
el viaje, el viajero y el viaje se han vuelto uno.
puede oírse el eco del grito:
«Yo soy la Verdad».
Así, el hombre se hace uno con el Eterno,
el viaje, el viajero y el viaje se han vuelto uno.