Pero, más allá de la razón, el ser humano posee cierto conocimiento
que Dios ha puesto en su alma y en su cuerpo,
gracias al cual percibe los misterios ocultos.
Y, como el fuego en el pedernal y el acero,
cuando se golpean entre sí,
los dos mundos se iluminan para él en un instante.
que Dios ha puesto en su alma y en su cuerpo,
gracias al cual percibe los misterios ocultos.
Y, como el fuego en el pedernal y el acero,
cuando se golpean entre sí,
los dos mundos se iluminan para él en un instante.