« El rey no ha dormido en toda la noche: solo Dios sabe por qué. No ha hecho más que murmurar “Rāma, Rāma” hasta el amanecer, pero no me ha dicho el motivo.
Ve enseguida a buscar a Rāma y envíalo aquí; cuando regreses, podrás preguntar qué sucede». Comprendiendo que ese era el deseo del rey, Sumanta partió; pero vio que la reina había concebido algún mal designio. Estaba tan inquieto que apenas tocaba el suelo con los pies, mientras se preguntaba: «¿Qué le dirá el rey a Rāma?». Recobrando la compostura al llegar a la puerta y viendo que todos notaban su tristeza y le preguntaban la causa, los tranquilizó y luego se dirigió a la morada del príncipe. Cuando Rāma vio acercarse a Sumanta, lo recibió con las mismas atenciones que habría dispensado a su propio padre. Mirándolo de frente, Sumanta le transmitió las órdenes del rey y partió con él. Al ver el desconcierto con que Rāma acompañaba al ministro, la gente empezó a inquietarse un poco.
Ve enseguida a buscar a Rāma y envíalo aquí; cuando regreses, podrás preguntar qué sucede». Comprendiendo que ese era el deseo del rey, Sumanta partió; pero vio que la reina había concebido algún mal designio. Estaba tan inquieto que apenas tocaba el suelo con los pies, mientras se preguntaba: «¿Qué le dirá el rey a Rāma?». Recobrando la compostura al llegar a la puerta y viendo que todos notaban su tristeza y le preguntaban la causa, los tranquilizó y luego se dirigió a la morada del príncipe. Cuando Rāma vio acercarse a Sumanta, lo recibió con las mismas atenciones que habría dispensado a su propio padre. Mirándolo de frente, Sumanta le transmitió las órdenes del rey y partió con él. Al ver el desconcierto con que Rāma acompañaba al ministro, la gente empezó a inquietarse un poco.