Esta vez, debo volverme sumamente encantador y hermoso, para que la princesa se alegre al verme y me conceda la corona de la victoria.
Le pediré a Hari el don de la belleza; ir hasta Él me haría perder mucho tiempo; pero no tengo otro amigo como Él, y esta es la ocasión para que me ayude». Así pues, elevó una ferviente oración, y el Señor misericordioso se le apareció en una visión. Al verlo, los ojos del santo se iluminaron y su corazón se llenó de alegría. Dijo: «Mi propósito tendrá éxito». Luego, con la mayor humildad, contó su historia y añadió: «Oh, Señor mío, sé misericordioso y ven en mi ayuda. Concédeme una belleza igual a la Tuya, pues de otro modo no podría conquistarla. Apresúrate a llevar a cabo mi empresa, pues mira, soy Tu esclavo». Cuando el Compasivo vio el inmenso poder del engaño que había urdido, sonrió para sus adentros:
Le pediré a Hari el don de la belleza; ir hasta Él me haría perder mucho tiempo; pero no tengo otro amigo como Él, y esta es la ocasión para que me ayude». Así pues, elevó una ferviente oración, y el Señor misericordioso se le apareció en una visión. Al verlo, los ojos del santo se iluminaron y su corazón se llenó de alegría. Dijo: «Mi propósito tendrá éxito». Luego, con la mayor humildad, contó su historia y añadió: «Oh, Señor mío, sé misericordioso y ven en mi ayuda. Concédeme una belleza igual a la Tuya, pues de otro modo no podría conquistarla. Apresúrate a llevar a cabo mi empresa, pues mira, soy Tu esclavo». Cuando el Compasivo vio el inmenso poder del engaño que había urdido, sonrió para sus adentros: