Diferencia entre el conocimiento de Dios y el de los hombres.
Vemos, pues, todas Tus criaturas, porque existen; y, a la inversa, existen porque Tú las ves. Vemos desde fuera que existen; por dentro, que son buenas. Pero Tú las ves ya hechas allí donde las viste por hacer. Hoy estamos inclinados a hacer el bien que nuestro corazón ha concebido por Tu Espíritu; ayer, lejos de Ti, el mal nos arrastraba. Pero Tú, oh Dios, única y soberana Bondad, nunca has dejado de hacer el bien. La obra que Tu gracia realiza en nosotros no es eterna; nos da la esperanza del descanso eterno en la gloria de Tu santificación. Pero Tú, único Bien que no necesita de ningún otro, nunca sales de Tu descanso; Tu descanso eres Tú mismo.
¿Y puede el hombre dar al hombre la inteligencia de estos misterios de gloria, el ángel al ángel o el ángel al hombre? No; a Ti hay que pedir, en Ti hay que buscar, a Ti mismo hay que llamar; así, así se recibe, así se encuentra, así se entra.
Así sea.
ÍNDICE
Vida de san Agustín, por S. Posidio, obispo de Calama, su discípulo y amigo
SUMARIO DE LOS LIBROS Y DE LOS CAPÍTULOS
LIBRO PRIMERO
I. Grandeza de Dios 43 II. Dios está en el hombre; el hombre está en Dios 44 III. Dios está entero en todas partes 45 IV. Grandeza inefable de Dios 45 V. Di a mi alma: «Yo soy tu salvación» 46 VI. La infancia del hombre; la eternidad de Dios 47 VII. El niño es pecador 50 VIII. Cómo aprende a hablar 51 IX. Aversión al estudio; horror a los castigos 52 X. Amor al juego 54 XI. Enfermo, pide el Bautismo 54 XII. Dios volvía en su provecho incluso la imprevisión que guiaba sus estudios 56 XIII. Vanidad de las ficciones poéticas que amaba 56 XIV. Su aversión a la lengua griega 58 XV. Oración 59 XVI. Contra los relatos impúdicos 60 XVII. Vanidad de sus estudios 61 XVIII. Hombres más fieles a las leyes de la gramática que a los mandamientos de Dios 62 XIX. Faltas de los niños, vicios de los hombres 64 XX. Da gracias a Dios por los dones que recibió de Él en su infancia 65
Vemos, pues, todas Tus criaturas, porque existen; y, a la inversa, existen porque Tú las ves. Vemos desde fuera que existen; por dentro, que son buenas. Pero Tú las ves ya hechas allí donde las viste por hacer. Hoy estamos inclinados a hacer el bien que nuestro corazón ha concebido por Tu Espíritu; ayer, lejos de Ti, el mal nos arrastraba. Pero Tú, oh Dios, única y soberana Bondad, nunca has dejado de hacer el bien. La obra que Tu gracia realiza en nosotros no es eterna; nos da la esperanza del descanso eterno en la gloria de Tu santificación. Pero Tú, único Bien que no necesita de ningún otro, nunca sales de Tu descanso; Tu descanso eres Tú mismo.
¿Y puede el hombre dar al hombre la inteligencia de estos misterios de gloria, el ángel al ángel o el ángel al hombre? No; a Ti hay que pedir, en Ti hay que buscar, a Ti mismo hay que llamar; así, así se recibe, así se encuentra, así se entra.
Así sea.
ÍNDICE
Vida de san Agustín, por S. Posidio, obispo de Calama, su discípulo y amigo
SUMARIO DE LOS LIBROS Y DE LOS CAPÍTULOS
LIBRO PRIMERO
I. Grandeza de Dios 43 II. Dios está en el hombre; el hombre está en Dios 44 III. Dios está entero en todas partes 45 IV. Grandeza inefable de Dios 45 V. Di a mi alma: «Yo soy tu salvación» 46 VI. La infancia del hombre; la eternidad de Dios 47 VII. El niño es pecador 50 VIII. Cómo aprende a hablar 51 IX. Aversión al estudio; horror a los castigos 52 X. Amor al juego 54 XI. Enfermo, pide el Bautismo 54 XII. Dios volvía en su provecho incluso la imprevisión que guiaba sus estudios 56 XIII. Vanidad de las ficciones poéticas que amaba 56 XIV. Su aversión a la lengua griega 58 XV. Oración 59 XVI. Contra los relatos impúdicos 60 XVII. Vanidad de sus estudios 61 XVIII. Hombres más fieles a las leyes de la gramática que a los mandamientos de Dios 62 XIX. Faltas de los niños, vicios de los hombres 64 XX. Da gracias a Dios por los dones que recibió de Él en su infancia 65
LIBRO II
I. Desórdenes de su juventud 66 II. Sus desenfrenos a los dieciséis años 66 III. Vicios de su educación 68 IV. Robo 71 V. No se hace el mal sin interés 72 VI. En los pecados se encuentra una falsa imitación de las perfecciones divinas 73 VII. Acciones de gracias 75 VIII. Lo que había amado en aquel robo 75 IX. Relaciones funestas 76 X. Impulsos hacia Dios 77
LIBRO III
I. Amores impuros 78 II. Teatros 79 III. Insolencia de la juventud de Cartago 81 IV. Se apasiona por la sabiduría al leer el _Hortensius_ de Cicerón 82 V. Su desprecio por la Escritura 83 VI. Cae en el error de los maniqueos 84 VII. Locura de los maniqueos 80 VIII. Lo que Dios manda se vuelve permitido 88 IX. Dios juzga de manera distinta que los hombres 90 X. Extravagancia de los maniqueos 91 XI. Oraciones y lágrimas de su madre 92 XII. Palabras proféticas de un obispo 93
LIBRO IV
I. Nueve años de error 95 II. Enseña retórica. Su relación ilegítima con una mujer. Rechaza las ofertas de un adivino 96 III. Su pasión por la astrología 97 IV. Muerte de un amigo 99 V. ¿Por qué las lágrimas son dulces para los afligidos? 101 VI. Violencia de su dolor 102 VII. Deja Tagaste 103 VIII. Su dolor disminuye con el tiempo 104 IX. La amistad solo es verdadera en Dios 105 X. El alma no puede encontrar su descanso en las criaturas 105 XI. Las criaturas cambian; solo Dios es inmutable 106 XII. Las almas encuentran en Dios el descanso y la inmortalidad 107 XIII. De dónde procede el amor. Libro que había escrito sobre la belleza y la conveniencia 109 XIV. Había dedicado este libro al orador Hierio. Estima por los ausentes. ¿De dónde proviene? 110 XV. Su espíritu, oscurecido por las imágenes sensibles, no podía concebir las sustancias espirituales 112 XVI. Genio de San Agustín 114
I. Desórdenes de su juventud 66 II. Sus desenfrenos a los dieciséis años 66 III. Vicios de su educación 68 IV. Robo 71 V. No se hace el mal sin interés 72 VI. En los pecados se encuentra una falsa imitación de las perfecciones divinas 73 VII. Acciones de gracias 75 VIII. Lo que había amado en aquel robo 75 IX. Relaciones funestas 76 X. Impulsos hacia Dios 77
LIBRO III
I. Amores impuros 78 II. Teatros 79 III. Insolencia de la juventud de Cartago 81 IV. Se apasiona por la sabiduría al leer el _Hortensius_ de Cicerón 82 V. Su desprecio por la Escritura 83 VI. Cae en el error de los maniqueos 84 VII. Locura de los maniqueos 80 VIII. Lo que Dios manda se vuelve permitido 88 IX. Dios juzga de manera distinta que los hombres 90 X. Extravagancia de los maniqueos 91 XI. Oraciones y lágrimas de su madre 92 XII. Palabras proféticas de un obispo 93
LIBRO IV
I. Nueve años de error 95 II. Enseña retórica. Su relación ilegítima con una mujer. Rechaza las ofertas de un adivino 96 III. Su pasión por la astrología 97 IV. Muerte de un amigo 99 V. ¿Por qué las lágrimas son dulces para los afligidos? 101 VI. Violencia de su dolor 102 VII. Deja Tagaste 103 VIII. Su dolor disminuye con el tiempo 104 IX. La amistad solo es verdadera en Dios 105 X. El alma no puede encontrar su descanso en las criaturas 105 XI. Las criaturas cambian; solo Dios es inmutable 106 XII. Las almas encuentran en Dios el descanso y la inmortalidad 107 XIII. De dónde procede el amor. Libro que había escrito sobre la belleza y la conveniencia 109 XIV. Había dedicado este libro al orador Hierio. Estima por los ausentes. ¿De dónde proviene? 110 XV. Su espíritu, oscurecido por las imágenes sensibles, no podía concebir las sustancias espirituales 112 XVI. Genio de San Agustín 114
LIBRO V
I. «Que mi alma Te alabe, Señor, por amarte» 117 II. ¿Adónde huye el impío cuando huye de Dios? 118 III. Fausto. Ceguera de los filósofos 119 IV. ¡Desdichada la ciencia que ignora a Dios! 121 V. Locura de Manés 122 VI. Elocuencia de Fausto y su ignorancia 123 VII. Se disgusta de las doctrinas maniqueas 125 VIII. Va a Roma a pesar de su madre 126 IX. Cae enfermo. Plegarias de su madre 129 X. Se aparta del maniqueísmo, aunque aún conserva más de un error 130 XI. Débiles respuestas de los maniqueos 133 XII. Deslealtad de la juventud romana 133 XIII. Se traslada a Milán para enseñar retórica. San Ambrosio 134 XIV. Rompe con los maniqueos y permanece catecúmeno en la Iglesia 135
LIBRO VI
I. Santa Mónica sigue a su hijo a Milán 137 II. Acude en defensa de San Ambrosio 138 III. Ocupaciones de San Ambrosio 140 IV. Asistencia asidua de Agustín a los sermones de San Ambrosio 141 V. Necesidad de creer lo que todavía no se comprende 143 VI. Miseria de la ambición 145 VII. Su amigo Alipio 146 VIII. Alipio arrastrado a los sangrientos espectáculos del circo 148 IX. Alipio sospechoso de un hurto 150 X. Integridad de Alipio. Ardor de Nebridio en la búsqueda de la verdad 151 XI. Vivas perplejidades de Agustín 153 XII. Sus conversaciones con Alipio sobre el matrimonio y el celibato 155 XIII. Su madre no obtiene de Dios ninguna revelación sobre el matrimonio de su hijo 156 XIV. Proyecto de vida en común con sus amigos 157 XV. Como la mujer que mantenía había regresado a África, toma otra 158 XVI. Su temor a la muerte y al juicio 158
I. «Que mi alma Te alabe, Señor, por amarte» 117 II. ¿Adónde huye el impío cuando huye de Dios? 118 III. Fausto. Ceguera de los filósofos 119 IV. ¡Desdichada la ciencia que ignora a Dios! 121 V. Locura de Manés 122 VI. Elocuencia de Fausto y su ignorancia 123 VII. Se disgusta de las doctrinas maniqueas 125 VIII. Va a Roma a pesar de su madre 126 IX. Cae enfermo. Plegarias de su madre 129 X. Se aparta del maniqueísmo, aunque aún conserva más de un error 130 XI. Débiles respuestas de los maniqueos 133 XII. Deslealtad de la juventud romana 133 XIII. Se traslada a Milán para enseñar retórica. San Ambrosio 134 XIV. Rompe con los maniqueos y permanece catecúmeno en la Iglesia 135
LIBRO VI
I. Santa Mónica sigue a su hijo a Milán 137 II. Acude en defensa de San Ambrosio 138 III. Ocupaciones de San Ambrosio 140 IV. Asistencia asidua de Agustín a los sermones de San Ambrosio 141 V. Necesidad de creer lo que todavía no se comprende 143 VI. Miseria de la ambición 145 VII. Su amigo Alipio 146 VIII. Alipio arrastrado a los sangrientos espectáculos del circo 148 IX. Alipio sospechoso de un hurto 150 X. Integridad de Alipio. Ardor de Nebridio en la búsqueda de la verdad 151 XI. Vivas perplejidades de Agustín 153 XII. Sus conversaciones con Alipio sobre el matrimonio y el celibato 155 XIII. Su madre no obtiene de Dios ninguna revelación sobre el matrimonio de su hijo 156 XIV. Proyecto de vida en común con sus amigos 157 XV. Como la mujer que mantenía había regresado a África, toma otra 158 XVI. Su temor a la muerte y al juicio 158
LIBRO VII
I. Solo podía concebir a Dios como una sustancia infinitamente extensa 160 II. Objeción de Nebridio contra los maniqueos 162 III. Angustia que siente al concebir el origen del mal 163 IV. Dios, siendo el bien supremo, es necesariamente incorruptible 164 V. Sus dudas sobre el origen del mal 165 VI. Vanas predicciones de los astrólogos 167 VII. Tormentos de su espíritu en la búsqueda del origen del mal 170 VIII. Dios mantenía viva su inquietud hasta que conociera la verdad 171 IX. Había encontrado la divinidad del Verbo en los libros de los platónicos, pero no la humildad de Su Encarnación 172 X. Descubre que Dios es la luz inmutable 174 XI. Las criaturas son y no son 175 XII. Toda sustancia es buena por su origen 176 XIII. Nada hay de bueno sino las obras de Dios 177 XIV. Finalmente despierta al verdadero conocimiento de Dios 178 XV. Todas las cosas participan de la verdad y la bondad de Dios 178 XVI. Qué es el pecado 179 XVII. Por qué grados se eleva al conocimiento de Dios 179 XVIII. Aún ignoraba la Encarnación de Jesucristo 181 XIX. Tomaba a Jesucristo por un hombre de eminente sabiduría 182 XX. Los libros de los platónicos lo habían hecho más sabio, pero más vanidoso 183 XXI. Encuentra en la Escritura la humildad y el verdadero camino de la salvación 184
I. Solo podía concebir a Dios como una sustancia infinitamente extensa 160 II. Objeción de Nebridio contra los maniqueos 162 III. Angustia que siente al concebir el origen del mal 163 IV. Dios, siendo el bien supremo, es necesariamente incorruptible 164 V. Sus dudas sobre el origen del mal 165 VI. Vanas predicciones de los astrólogos 167 VII. Tormentos de su espíritu en la búsqueda del origen del mal 170 VIII. Dios mantenía viva su inquietud hasta que conociera la verdad 171 IX. Había encontrado la divinidad del Verbo en los libros de los platónicos, pero no la humildad de Su Encarnación 172 X. Descubre que Dios es la luz inmutable 174 XI. Las criaturas son y no son 175 XII. Toda sustancia es buena por su origen 176 XIII. Nada hay de bueno sino las obras de Dios 177 XIV. Finalmente despierta al verdadero conocimiento de Dios 178 XV. Todas las cosas participan de la verdad y la bondad de Dios 178 XVI. Qué es el pecado 179 XVII. Por qué grados se eleva al conocimiento de Dios 179 XVIII. Aún ignoraba la Encarnación de Jesucristo 181 XIX. Tomaba a Jesucristo por un hombre de eminente sabiduría 182 XX. Los libros de los platónicos lo habían hecho más sabio, pero más vanidoso 183 XXI. Encuentra en la Escritura la humildad y el verdadero camino de la salvación 184
LIBRO VIII
I. Agustín va a visitar al anciano Simpliciano 187 II. Simpliciano le cuenta la conversión de Victorino el retórico 189 III. De dónde viene que se sienta tanta alegría por la conversión de los pecadores 192 IV. Por qué las conversiones célebres deben inspirar una alegría más viva 194 V. Tiranía de la costumbre 195 VI. Relato de Potitiano 197 VII. Agitación de su alma durante el relato de Potitiano 208 VIII. Lucha interior 201 IX. El espíritu manda al cuerpo; este obedece. El espíritu se manda a sí mismo y se resiste 203 X. Dos voluntades, un solo espíritu 204 XI. Últimos combates 206 XII. «¡Toma, lee! ¡Toma, lee!» 208
LIBRO IX
I. Acciones de gracias 211 II. Renuncia a su profesión 212 III. Santa muerte de sus amigos Nebridio y Verecundo 214 IV. Su entusiasmo al leer los salmos 216 V. Da a conocer públicamente su decisión 220 VI. Recibe el bautismo con su amigo Alipio y su hijo Adeodato. El genio de este niño. Su muerte 220 VII. Descubrimiento de los cuerpos de san Gervasio y san Protasio 222 VIII. Muerte de santa Mónica. Su educación 223 IX. Virtudes de santa Mónica 225 X. Conversación de santa Mónica con su hijo sobre la felicidad de la vida eterna 228 XI. Últimas palabras de santa Mónica 230 XII. Dolor de san Agustín 231 XIII. Reza por su madre 234
I. Agustín va a visitar al anciano Simpliciano 187 II. Simpliciano le cuenta la conversión de Victorino el retórico 189 III. De dónde viene que se sienta tanta alegría por la conversión de los pecadores 192 IV. Por qué las conversiones célebres deben inspirar una alegría más viva 194 V. Tiranía de la costumbre 195 VI. Relato de Potitiano 197 VII. Agitación de su alma durante el relato de Potitiano 208 VIII. Lucha interior 201 IX. El espíritu manda al cuerpo; este obedece. El espíritu se manda a sí mismo y se resiste 203 X. Dos voluntades, un solo espíritu 204 XI. Últimos combates 206 XII. «¡Toma, lee! ¡Toma, lee!» 208
LIBRO IX
I. Acciones de gracias 211 II. Renuncia a su profesión 212 III. Santa muerte de sus amigos Nebridio y Verecundo 214 IV. Su entusiasmo al leer los salmos 216 V. Da a conocer públicamente su decisión 220 VI. Recibe el bautismo con su amigo Alipio y su hijo Adeodato. El genio de este niño. Su muerte 220 VII. Descubrimiento de los cuerpos de san Gervasio y san Protasio 222 VIII. Muerte de santa Mónica. Su educación 223 IX. Virtudes de santa Mónica 225 X. Conversación de santa Mónica con su hijo sobre la felicidad de la vida eterna 228 XI. Últimas palabras de santa Mónica 230 XII. Dolor de san Agustín 231 XIII. Reza por su madre 234
LIBRO X
I. Elevación 237
II. Confesión del corazón 238
III. Por qué confiesa lo que la gracia ha hecho de él 238
IV. Qué fruto espera de esta confesión 240
V. El hombre no se conoce por completo a sí mismo 241
VI. Lo que sabe con certeza es que ama a Dios 242
VII. Dios no puede ser conocido por los sentidos 244
VIII. De la memoria 245
IX. Memoria de las ciencias 248
X. Las ciencias no entran en la memoria por los sentidos 248
XI. Adquirir la ciencia es reunir las nociones dispersas en el espíritu 249
XII. Memoria de las matemáticas 250
XIII. Memoria de las operaciones del espíritu 251
XIV. Memoria de los afectos del alma 251
XV. Cómo se representan en la memoria las realidades ausentes 253
XVI. La memoria recuerda el olvido 253
XVII. Dios está más allá de la memoria 255
XVIII. Hay que conservar el recuerdo de un objeto perdido para encontrarlo 256
XIX. Cómo encuentra la memoria un objeto olvidado 257
XX. Buscar a Dios es buscar la vida feliz 258
XXI. Cómo puede estar en la memoria la idea de la bienaventuranza 259
XXII. Dios, única alegría del corazón 200
XXIII. Amor natural de los hombres por la verdad; solo la odian cuando contraría sus pasiones 200
XXIV. Dios se encuentra en la memoria 202
XXV. ¿En qué parte de la memoria encontramos a Dios? 262
XXVI. Dios es la verdad que consultan los hombres 263
XXVII. Arrobamiento del corazón ante Dios 264
XXVIII. Miseria de esta vida 264
XXIX. La gracia de Dios es nuestro único apoyo 265
XXX. Triple tentación de la voluptuosidad, la curiosidad y el orgullo 266
XXXI. De la voluptuosidad en los alimentos 267
XXXII. Placer del olfato 271
XXXIII. Placer del oído. Del canto de la Iglesia 271
XXXIV. Voluptuosidad de los ojos 273
XXXV. Curiosidad 275
XXXVI. Orgullo 278
XXXVII. Disposición de su alma respecto de la censura y la alabanza 279
XXXVIII. Vanagloria, veneno sutil 282
XXXIX. Complacencia en sí mismo 282
XL. Repaso de todo lo que ha dicho 283
XLI. Lo que lo alejaba de Dios 284
XLII. Extravío de los soberbios que recurrieron a los ángeles caídos como mediadores entre Dios y los hombres 284
XLIII. Jesucristo, único mediador 285
I. Elevación 237
II. Confesión del corazón 238
III. Por qué confiesa lo que la gracia ha hecho de él 238
IV. Qué fruto espera de esta confesión 240
V. El hombre no se conoce por completo a sí mismo 241
VI. Lo que sabe con certeza es que ama a Dios 242
VII. Dios no puede ser conocido por los sentidos 244
VIII. De la memoria 245
IX. Memoria de las ciencias 248
X. Las ciencias no entran en la memoria por los sentidos 248
XI. Adquirir la ciencia es reunir las nociones dispersas en el espíritu 249
XII. Memoria de las matemáticas 250
XIII. Memoria de las operaciones del espíritu 251
XIV. Memoria de los afectos del alma 251
XV. Cómo se representan en la memoria las realidades ausentes 253
XVI. La memoria recuerda el olvido 253
XVII. Dios está más allá de la memoria 255
XVIII. Hay que conservar el recuerdo de un objeto perdido para encontrarlo 256
XIX. Cómo encuentra la memoria un objeto olvidado 257
XX. Buscar a Dios es buscar la vida feliz 258
XXI. Cómo puede estar en la memoria la idea de la bienaventuranza 259
XXII. Dios, única alegría del corazón 200
XXIII. Amor natural de los hombres por la verdad; solo la odian cuando contraría sus pasiones 200
XXIV. Dios se encuentra en la memoria 202
XXV. ¿En qué parte de la memoria encontramos a Dios? 262
XXVI. Dios es la verdad que consultan los hombres 263
XXVII. Arrobamiento del corazón ante Dios 264
XXVIII. Miseria de esta vida 264
XXIX. La gracia de Dios es nuestro único apoyo 265
XXX. Triple tentación de la voluptuosidad, la curiosidad y el orgullo 266
XXXI. De la voluptuosidad en los alimentos 267
XXXII. Placer del olfato 271
XXXIII. Placer del oído. Del canto de la Iglesia 271
XXXIV. Voluptuosidad de los ojos 273
XXXV. Curiosidad 275
XXXVI. Orgullo 278
XXXVII. Disposición de su alma respecto de la censura y la alabanza 279
XXXVIII. Vanagloria, veneno sutil 282
XXXIX. Complacencia en sí mismo 282
XL. Repaso de todo lo que ha dicho 283
XLI. Lo que lo alejaba de Dios 284
XLII. Extravío de los soberbios que recurrieron a los ángeles caídos como mediadores entre Dios y los hombres 284
XLIII. Jesucristo, único mediador 285
LIBRO XI
I. La confesión de nuestras miserias dilata nuestro amor 288 II. Pide a Dios la inteligencia de las Escrituras 289 III. Implora a la Verdad que habló por medio de Moisés 291 IV. El cielo y la tierra nos gritan que fueron creados 292 V. El universo creado de la nada 292 VI. Cómo habló Dios 293 VII. El Verbo divino, Hijo de Dios, coeterno al Padre 294 VIII. El Verbo eterno es nuestro único maestro 295 IX. El Verbo habla a nuestro corazón 296 X. La voluntad de Dios no tiene principio 297 XI. El tiempo no puede ser la medida de la eternidad 297 XII. Qué hacía Dios antes de la creación del mundo 298 XIII. No hay tiempo antes de la creación 298 XIV. ¿Qué es el tiempo? 300 XV. ¿Cuál es la medida del tiempo? 300 XVI. ¿Cómo se mide el tiempo? 302 XVII. ¿Dónde está el pasado, dónde el futuro? 303 XVIII. Cómo el pasado y el futuro están presentes 303 XIX. Sobre la presciencia del futuro 305 XX. ¿Qué nombre dar a las diferencias del tiempo? 305 XXI. ¿Cómo medir el tiempo? 306 XXII. Pide a Dios el conocimiento de este misterio 306 XXIII. Naturaleza del tiempo 307 XXIV. ¿Es el tiempo la medida del movimiento? 309 XXV. «Enciende mi lámpara, Señor, ilumina mis tinieblas» 310 XXVI. El tiempo no es la medida del tiempo 310 XXVII. Cómo medimos el tiempo 312 XXVIII. El espíritu es la medida del tiempo 314 XXIX. Sobre la unión con Dios 315 XXX. No hay tiempo sin obra 316 XXXI. Dios conoce de manera distinta que los hombres 316
I. La confesión de nuestras miserias dilata nuestro amor 288 II. Pide a Dios la inteligencia de las Escrituras 289 III. Implora a la Verdad que habló por medio de Moisés 291 IV. El cielo y la tierra nos gritan que fueron creados 292 V. El universo creado de la nada 292 VI. Cómo habló Dios 293 VII. El Verbo divino, Hijo de Dios, coeterno al Padre 294 VIII. El Verbo eterno es nuestro único maestro 295 IX. El Verbo habla a nuestro corazón 296 X. La voluntad de Dios no tiene principio 297 XI. El tiempo no puede ser la medida de la eternidad 297 XII. Qué hacía Dios antes de la creación del mundo 298 XIII. No hay tiempo antes de la creación 298 XIV. ¿Qué es el tiempo? 300 XV. ¿Cuál es la medida del tiempo? 300 XVI. ¿Cómo se mide el tiempo? 302 XVII. ¿Dónde está el pasado, dónde el futuro? 303 XVIII. Cómo el pasado y el futuro están presentes 303 XIX. Sobre la presciencia del futuro 305 XX. ¿Qué nombre dar a las diferencias del tiempo? 305 XXI. ¿Cómo medir el tiempo? 306 XXII. Pide a Dios el conocimiento de este misterio 306 XXIII. Naturaleza del tiempo 307 XXIV. ¿Es el tiempo la medida del movimiento? 309 XXV. «Enciende mi lámpara, Señor, ilumina mis tinieblas» 310 XXVI. El tiempo no es la medida del tiempo 310 XXVII. Cómo medimos el tiempo 312 XXVIII. El espíritu es la medida del tiempo 314 XXIX. Sobre la unión con Dios 315 XXX. No hay tiempo sin obra 316 XXXI. Dios conoce de manera distinta que los hombres 316
LIBRO XII
I. La búsqueda de la verdad es penosa 318 II. Dos clases de cielos 319 III. Tinieblas extendidas sobre la superficie del abismo 319 IV. Materia primitiva 320 V. Su naturaleza 320 VI. Cómo hay que concebirla 321 VII. El cielo más excelente que la tierra 322 VIII. Materia primitiva hecha de la nada 323 IX. El cielo del cielo 324 X. Invocación 324 XI. Lo que Dios le enseñó 825 XII. Dos órdenes de criaturas 327 XIII. Criaturas espirituales; materia informe 328 XIV. Profundidad de las Escrituras 328 XV. Verdades constantes, a pesar de la diversidad de las interpretaciones 329 XVI. Contra los contradictores de la verdad 332 XVII. Lo que debe entenderse por el cielo y la tierra 333 XVIII. A la Escritura se le pueden dar varios sentidos 334 XIX. Verdades indiscutibles 333 XX. Diversas interpretaciones de las últimas palabras del Génesis 336 XXI. Explicaciones diferentes de estas palabras: «La tierra era invisible» 337 XXII. Varias creaciones de Dios omitidas 338 XXIII. Dos clases de dudas en la interpretación de la Escritura 339 XXIV. Dificultad de determinar el verdadero sentido de Moisés entre varios igualmente verdaderos 340 XXV. Contra quienes buscan hacer prevalecer su parecer 341 XXVI. Es propio de la Escritura encerrar varios sentidos bajo las mismas palabras 343 XXVII. Abundancia de la Escritura 344 XXVIII. De los diversos sentidos que puede recibir 345 XXIX. De cuántas maneras una cosa puede ser anterior a otra 346 XXX. La Escritura quiere ser interpretada con espíritu de caridad 348 XXXI. Moisés pudo entender todos los sentidos verdaderos que pueden darse a sus palabras 349 XXXII. Todos los sentidos verdaderos previstos por el Espíritu Santo 349
I. La búsqueda de la verdad es penosa 318 II. Dos clases de cielos 319 III. Tinieblas extendidas sobre la superficie del abismo 319 IV. Materia primitiva 320 V. Su naturaleza 320 VI. Cómo hay que concebirla 321 VII. El cielo más excelente que la tierra 322 VIII. Materia primitiva hecha de la nada 323 IX. El cielo del cielo 324 X. Invocación 324 XI. Lo que Dios le enseñó 825 XII. Dos órdenes de criaturas 327 XIII. Criaturas espirituales; materia informe 328 XIV. Profundidad de las Escrituras 328 XV. Verdades constantes, a pesar de la diversidad de las interpretaciones 329 XVI. Contra los contradictores de la verdad 332 XVII. Lo que debe entenderse por el cielo y la tierra 333 XVIII. A la Escritura se le pueden dar varios sentidos 334 XIX. Verdades indiscutibles 333 XX. Diversas interpretaciones de las últimas palabras del Génesis 336 XXI. Explicaciones diferentes de estas palabras: «La tierra era invisible» 337 XXII. Varias creaciones de Dios omitidas 338 XXIII. Dos clases de dudas en la interpretación de la Escritura 339 XXIV. Dificultad de determinar el verdadero sentido de Moisés entre varios igualmente verdaderos 340 XXV. Contra quienes buscan hacer prevalecer su parecer 341 XXVI. Es propio de la Escritura encerrar varios sentidos bajo las mismas palabras 343 XXVII. Abundancia de la Escritura 344 XXVIII. De los diversos sentidos que puede recibir 345 XXIX. De cuántas maneras una cosa puede ser anterior a otra 346 XXX. La Escritura quiere ser interpretada con espíritu de caridad 348 XXXI. Moisés pudo entender todos los sentidos verdaderos que pueden darse a sus palabras 349 XXXII. Todos los sentidos verdaderos previstos por el Espíritu Santo 349
LIBRO XIII
I. Invocación. Generosidad gratuita de Dios 351
II. Toda criatura recibe el ser de la pura bondad de Dios 352
III. Todo procede de la gracia de Dios 353
IV. Dios no necesitaba de las criaturas 354
V. De la Trinidad 354
VI. Cómo el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas 355
VII. Efecto del Espíritu Santo 355
VIII. La unión con Dios, única felicidad de los seres inteligentes 356
IX. Por qué se dice, solo del Espíritu Santo, que se cernía sobre las aguas 357
X. Felicidad de las inteligencias puras 358
XI. Imagen de la Trinidad en el hombre 359
XII. Dios procede en la institución de la Iglesia como en la creación del mundo 360
XIII. Nuestra renovación nunca es perfecta en esta vida 361
XIV. El alma es sostenida por la fe y la esperanza 362
XV. La Sagrada Escritura, comparada con el firmamento, y los ángeles con las aguas superiores 363
XVI. Nadie conoce a Dios como Dios se conoce a Sí mismo 365
XVII. Cómo puede entenderse la creación del mar y de la tierra 366
XVIII. Los justos pueden compararse con los astros 367
XIX. Camino de la perfección 369
XX. Sentido místico de estas palabras: «Que las aguas produzcan reptiles y aves» 370
XXI. Interpretación mística de los animales terrestres 372
XXII. Vida del alma renovada 374
XXIII. A quién puede juzgar el hombre espiritual 376
XXIV. Por qué Dios bendijo al hombre, a los peces y a las aves 378
XXV. Los frutos de la tierra representan las obras de piedad 380
XXVI. El fruto de las obras de misericordia está en la buena voluntad 381
XXVII. Significado de los peces y las ballenas 383
XXVIII. Por qué Dios dice que Sus obras eran muy buenas 384
XXIX. Cómo Dios vio ocho veces que Sus obras eran buenas 385
XXX. Fantasías maniqueas 385
XXXI. El fiel ve por el Espíritu de Dios, y Dios ve en él que Sus obras son buenas 386
XXXII. Visión de la creación 387
XXXIII. Dios creó el mundo de una materia creada por Él al mismo tiempo 388
XXXIV. Sentido místico de la creación 389
XXXV. «¡Señor, danos Tu paz!» 390
XXXVI. El séptimo día no tuvo tarde 391
XXXVII. Cómo Dios descansa en nosotros 391
I. Invocación. Generosidad gratuita de Dios 351
II. Toda criatura recibe el ser de la pura bondad de Dios 352
III. Todo procede de la gracia de Dios 353
IV. Dios no necesitaba de las criaturas 354
V. De la Trinidad 354
VI. Cómo el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas 355
VII. Efecto del Espíritu Santo 355
VIII. La unión con Dios, única felicidad de los seres inteligentes 356
IX. Por qué se dice, solo del Espíritu Santo, que se cernía sobre las aguas 357
X. Felicidad de las inteligencias puras 358
XI. Imagen de la Trinidad en el hombre 359
XII. Dios procede en la institución de la Iglesia como en la creación del mundo 360
XIII. Nuestra renovación nunca es perfecta en esta vida 361
XIV. El alma es sostenida por la fe y la esperanza 362
XV. La Sagrada Escritura, comparada con el firmamento, y los ángeles con las aguas superiores 363
XVI. Nadie conoce a Dios como Dios se conoce a Sí mismo 365
XVII. Cómo puede entenderse la creación del mar y de la tierra 366
XVIII. Los justos pueden compararse con los astros 367
XIX. Camino de la perfección 369
XX. Sentido místico de estas palabras: «Que las aguas produzcan reptiles y aves» 370
XXI. Interpretación mística de los animales terrestres 372
XXII. Vida del alma renovada 374
XXIII. A quién puede juzgar el hombre espiritual 376
XXIV. Por qué Dios bendijo al hombre, a los peces y a las aves 378
XXV. Los frutos de la tierra representan las obras de piedad 380
XXVI. El fruto de las obras de misericordia está en la buena voluntad 381
XXVII. Significado de los peces y las ballenas 383
XXVIII. Por qué Dios dice que Sus obras eran muy buenas 384
XXIX. Cómo Dios vio ocho veces que Sus obras eran buenas 385
XXX. Fantasías maniqueas 385
XXXI. El fiel ve por el Espíritu de Dios, y Dios ve en él que Sus obras son buenas 386
XXXII. Visión de la creación 387
XXXIII. Dios creó el mundo de una materia creada por Él al mismo tiempo 388
XXXIV. Sentido místico de la creación 389
XXXV. «¡Señor, danos Tu paz!» 390
XXXVI. El séptimo día no tuvo tarde 391
XXXVII. Cómo Dios descansa en nosotros 391
E. GRÉVIN--IMPRENTA DE LAGNY
LOS MEJORES AUTORES CLÁSICOS
_Franceses y Extranjeros_
VOLÚMENES PUBLICADOS
ARISTÓFANES, Teatro. 2 vol.
BEAUMARCHAIS, Teatro.
BERNARDIN DE SAINT-PIERRE, Pablo y Virginia.
BOCCACCIO, El Decamerón. 2 vol.
BOILEAU, Obras poéticas y en prosa.
BOSSUET, Oraciones fúnebres.
--Discurso sobre la Historia universal.
BRANTÔME, Damas galantes.
CAMOENS, Os Lusíadas.
CASANOVA (Jacques), Memorias. 6 vol.
CERVANTES (Miguel), Don Quijote. 2 vol.
CÉSAR, Comentarios sobre la guerra de las Galias.
CANTAR DE ROLDÁN (El).
CHATEAUBRIAND, Atala; René; El último Abencerraje.
--El Genio del Cristianismo. 2 vol.
--Los Mártires. 2 vol.
CHÉNIER (André), Obras poéticas.
COMTE (Auguste), Filosofía positiva, 4 vol.
CORNEILLE, Teatro. 2 vol.
DANTE, La Divina Comedia.
DESCARTES, Discurso del método; Meditaciones metafísicas.
DIDEROT, La religiosa; El sobrino de Rameau.
ESQUILO, Teatro.
FÉNELON, Telémaco.
--De la educación de las hijas.
FOE (Daniel de), Robinson Crusoe.
GOETHE, Werther; Fausto; Hermann y Dorotea.
GRIMM, Cuentos escogidos.
HOMERO, Ilíada.
--Odisea.
KANT (Emmanuel), Crítica de la razón pura. 2 vol.
KLEIST-KOTZEBUE-LESSING, Tres comedias.
LA BRUYÈRE, Caracteres.
LA FAYETTE (Mme de), Memorias; La princesa de Clèves.
LA FONTAINE, Fábulas.
--Cuentos.
LAMARCK (J.-B.), Obras escogidas.
LA ROCHEFOUCAULD, Máximas.
LEIBNITZ, Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano.
LE SAGE (A.-R.), Historia de Gil Blas de Santillana. 2 vol.
LESSING, Teatro.
TASSO, Jerusalén liberada.
MAISTRE (X. de), Obras.
MALEBRANCHE, Investigación de la verdad. 2 vol.
MARIVAUX, Teatro escogido.
MOLIÈRE, Teatro. 4 vol.
MOMMSEN (Th.), Historia de Roma. 7 vol.
LOS MEJORES AUTORES CLÁSICOS
_Franceses y Extranjeros_
VOLÚMENES PUBLICADOS
ARISTÓFANES, Teatro. 2 vol.
BEAUMARCHAIS, Teatro.
BERNARDIN DE SAINT-PIERRE, Pablo y Virginia.
BOCCACCIO, El Decamerón. 2 vol.
BOILEAU, Obras poéticas y en prosa.
BOSSUET, Oraciones fúnebres.
--Discurso sobre la Historia universal.
BRANTÔME, Damas galantes.
CAMOENS, Os Lusíadas.
CASANOVA (Jacques), Memorias. 6 vol.
CERVANTES (Miguel), Don Quijote. 2 vol.
CÉSAR, Comentarios sobre la guerra de las Galias.
CANTAR DE ROLDÁN (El).
CHATEAUBRIAND, Atala; René; El último Abencerraje.
--El Genio del Cristianismo. 2 vol.
--Los Mártires. 2 vol.
CHÉNIER (André), Obras poéticas.
COMTE (Auguste), Filosofía positiva, 4 vol.
CORNEILLE, Teatro. 2 vol.
DANTE, La Divina Comedia.
DESCARTES, Discurso del método; Meditaciones metafísicas.
DIDEROT, La religiosa; El sobrino de Rameau.
ESQUILO, Teatro.
FÉNELON, Telémaco.
--De la educación de las hijas.
FOE (Daniel de), Robinson Crusoe.
GOETHE, Werther; Fausto; Hermann y Dorotea.
GRIMM, Cuentos escogidos.
HOMERO, Ilíada.
--Odisea.
KANT (Emmanuel), Crítica de la razón pura. 2 vol.
KLEIST-KOTZEBUE-LESSING, Tres comedias.
LA BRUYÈRE, Caracteres.
LA FAYETTE (Mme de), Memorias; La princesa de Clèves.
LA FONTAINE, Fábulas.
--Cuentos.
LAMARCK (J.-B.), Obras escogidas.
LA ROCHEFOUCAULD, Máximas.
LEIBNITZ, Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano.
LE SAGE (A.-R.), Historia de Gil Blas de Santillana. 2 vol.
LESSING, Teatro.
TASSO, Jerusalén liberada.
MAISTRE (X. de), Obras.
MALEBRANCHE, Investigación de la verdad. 2 vol.
MARIVAUX, Teatro escogido.
MOLIÈRE, Teatro. 4 vol.
MOMMSEN (Th.), Historia de Roma. 7 vol.
MONTAIGNE, Ensayos. 4 vols.
MONTESQUIEU, Cartas persas.
--El espíritu de las leyes. 2 vols.
MUSSET (A. de), Primeras poesías. 1829-1835.
--Poesías nuevas. 1836-1852.
--Comedias y proverbios. 2 vols.
--La confesión de un hijo del siglo.
--Novelas.
--Cuentos.
--Miscelánea de literatura y crítica.
--Obras póstumas.
OVIDIO, Las metamorfosis.
PASCAL, Pensamientos.
--Las provinciales.
PELLICO (Silvio), Mis prisiones.
PERRAULT (Ch.) y Mme. d’AULNOY, Cuentos.
PLINIO EL JOVEN, Cartas; Panegírico de Trajano.
RABELAIS, Obras. 2 vols.
RACINE, Teatro. 2 vols.
RÉGNIER (Mathurin), Obras completas.
ROUSSEAU (J.-J.), Confesiones, 2 vols.
--Julia o la nueva Eloísa. 2 vols.
--Del contrato social.
--Emilio, o De la educación. 2 vols.
SAN AGUSTÍN, Las confesiones.
SCHILLER, Los bandidos; María Estuardo; Guillermo Tell.
SCOTT (Walter), Ivanhoe. 2 vols.
--La bella muchacha de Perth. 2 vols.
SÉVIGNÉ (Mme. de), Cartas escogidas.
SHAKESPEARE (William), Obras dramáticas. 8 vols.
SÓFOCLES, Teatro.
SPINOZA, Ética.
STAËL (Mme. de), De Alemania, 2 vols.
--Corina, o Italia. 2 vols.
STENDHAL, La cartuja de Parma.
SUETONIO, Los doce Césares.
VIGNY (A. de), Poemas antiguos y modernos.
--Stello.
--Teatro. 2 vols.
--Cinq-Mars. 2 vols.
--Servidumbre y grandeza militar.
VILLON (François), Obras.
VIRGILIO, La Eneida.
VOLTAIRE, Diccionario filosófico.
--Historia de Carlos XII.
--Siglo de Luis XIV. 2 vols.
--Novelas. 2 vols.
WISEMAN (Cardenal), Fabiola.
Cada volumen en rústica, 95 céntimos; encuadernado en tela completa, 1 franco con 75 céntimos.
2455.--París.--Imp. Hemmerlé y Cía.--12-13.
MONTESQUIEU, Cartas persas.
--El espíritu de las leyes. 2 vols.
MUSSET (A. de), Primeras poesías. 1829-1835.
--Poesías nuevas. 1836-1852.
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--Novelas.
--Cuentos.
--Miscelánea de literatura y crítica.
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OVIDIO, Las metamorfosis.
PASCAL, Pensamientos.
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PELLICO (Silvio), Mis prisiones.
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PLINIO EL JOVEN, Cartas; Panegírico de Trajano.
RABELAIS, Obras. 2 vols.
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RÉGNIER (Mathurin), Obras completas.
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SÉVIGNÉ (Mme. de), Cartas escogidas.
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--Servidumbre y grandeza militar.
VILLON (François), Obras.
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--Historia de Carlos XII.
--Siglo de Luis XIV. 2 vols.
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