Catolicismo

Confesiones, libro decimotercero, capítulo III

Todo procede de la gracia de Dios.
En cuanto a estas palabras que Usted dice al comienzo de la creación: «Que haya luz, y hubo luz», las aplico sin inconveniente a la criatura espiritual, porque ya era vida, para recibir Su luz. Pero si no había merecido de Usted esa vida capaz de recibir Su luz, ¿había merecido acaso más el don que Usted le hizo? Pues su informeza no habría podido agradarle, si no se hubiera convertido en luz, no por naturaleza, sino por la intuición de Su luz iluminadora, por su unión con ella, para que estos preludios de vida y esta bienaventuranza de vida no se los debiera sino a Su gracia, que la vuelve, mediante un feliz cambio, hacia aquello que es igualmente incapaz de empeorar o mejorar, hacia Usted, único ser simple, para quien vivir es vivir feliz, porque Usted es Su propia bienaventuranza.
Gén., I, 16.

Fuente Saint Augustin, Confessions, trad. L. Moreau, Project Gutenberg #67320 — traducción I Choose Peace desde el francés · Índice