Dos clases de cielos.
La humildad de mi lengua confiesa ante Tu sublime majestad que Tú has hecho el cielo y la tierra; este cielo que veo, esta tierra que piso y de la que has formado la tierra que llevo conmigo. Pero, Señor, ¿dónde está ese cielo del cielo del que habla así el Salmista: «El cielo del cielo es del Señor, y Él ha dado la tierra a los hijos de los hombres»? ¿Dónde está ese cielo invisible, junto al cual el visible no es más que tierra? Porque este conjunto material no está revestido en todas sus partes de una belleza igual, y sobre todo en las regiones inferiores, de las que este mundo es la última. Pero, respecto a este cielo de los cielos, los cielos de nuestra tierra no son más que tierra. Y se puede afirmar sin temor que estos dos grandes cuerpos no son más que tierra en comparación con ese cielo desconocido que es del Señor, y no de los hijos de los hombres.
Sal. CXIII, 16.
La humildad de mi lengua confiesa ante Tu sublime majestad que Tú has hecho el cielo y la tierra; este cielo que veo, esta tierra que piso y de la que has formado la tierra que llevo conmigo. Pero, Señor, ¿dónde está ese cielo del cielo del que habla así el Salmista: «El cielo del cielo es del Señor, y Él ha dado la tierra a los hijos de los hombres»? ¿Dónde está ese cielo invisible, junto al cual el visible no es más que tierra? Porque este conjunto material no está revestido en todas sus partes de una belleza igual, y sobre todo en las regiones inferiores, de las que este mundo es la última. Pero, respecto a este cielo de los cielos, los cielos de nuestra tierra no son más que tierra. Y se puede afirmar sin temor que estos dos grandes cuerpos no son más que tierra en comparación con ese cielo desconocido que es del Señor, y no de los hijos de los hombres.
Sal. CXIII, 16.