Complacencia en uno mismo.
Todavía hay en nosotros otro enemigo, una tentación de la misma naturaleza: esa complacencia en uno mismo que se alimenta de su vanidad y se preocupa poco de agradar o desagradar al prójimo. Ahora bien, quien se complace en sí mismo Te desagrada profundamente, ya sea porque considere bueno en sí lo que no lo es, o porque reclame como bien propio el que ha recibido de Ti; ya sea porque, reconociendo Tu don, lo atribuya a sus méritos, o porque, en fin, confiese Tu gracia, pero con esa alegría egoísta que envidia a los demás las mismas gracias. Entre tantos peligros y pruebas, Tú lo ves, mi corazón tiembla; y Tu solicitud por curar mis heridas es mayor que mi vigilancia para no ser herido.
Todavía hay en nosotros otro enemigo, una tentación de la misma naturaleza: esa complacencia en uno mismo que se alimenta de su vanidad y se preocupa poco de agradar o desagradar al prójimo. Ahora bien, quien se complace en sí mismo Te desagrada profundamente, ya sea porque considere bueno en sí lo que no lo es, o porque reclame como bien propio el que ha recibido de Ti; ya sea porque, reconociendo Tu don, lo atribuya a sus méritos, o porque, en fin, confiese Tu gracia, pero con esa alegría egoísta que envidia a los demás las mismas gracias. Entre tantos peligros y pruebas, Tú lo ves, mi corazón tiembla; y Tu solicitud por curar mis heridas es mayor que mi vigilancia para no ser herido.