Las criaturas son y no son.
Y fijando mi mirada en todos los objetos inferiores a Ti, reconocí que no existen absolutamente ni dejan absolutamente de existir. Existen, puesto que existen por Ti; no existen, puesto que no son lo que Tú eres. En verdad, solo existe lo que permanece inmutable. Por eso, «me es bueno adherirme a Dios»; pues, si no permanezco en Él, no podría permanecer en mí mismo. «Y Él es quien, en Su inmutable permanencia, renueva todas las cosas. Y Tú eres mi Señor, porque no necesitas mis bienes».
Sal. LXXII, 20.
Sab., VII; Sal. XV, 2.
Y fijando mi mirada en todos los objetos inferiores a Ti, reconocí que no existen absolutamente ni dejan absolutamente de existir. Existen, puesto que existen por Ti; no existen, puesto que no son lo que Tú eres. En verdad, solo existe lo que permanece inmutable. Por eso, «me es bueno adherirme a Dios»; pues, si no permanezco en Él, no podría permanecer en mí mismo. «Y Él es quien, en Su inmutable permanencia, renueva todas las cosas. Y Tú eres mi Señor, porque no necesitas mis bienes».
Sal. LXXII, 20.
Sab., VII; Sal. XV, 2.