La mujer a la que mantenía regresó a África, y él tomó a otra.
Sin embargo, mis pecados se multiplicaban; y cuando vinieron a arrancar de mi lado, como un obstáculo para mi matrimonio, a la mujer que vivía conmigo, hubo que desgarrar el corazón donde ella había echado raíces, y la herida sangró durante mucho tiempo. Pero ella, al regresar a África, Te hizo voto de renunciar al trato con los hombres. Me dejaba al hijo natural que me había dado. Y yo, desdichado, incapaz de imitar siquiera a una mujer, impaciente ante aquella espera de dos años para obtener la mano que me habían prometido, sin estar enamorado del matrimonio, sino esclavo de la voluptuosidad, encontré a otra mujer, como para sostener e irritar la enfermedad de mi alma, prolongando con ella aquella vergonzosa compañía de placeres hasta la llegada de la esposa. Así, la herida con que me había desgarrado la primera separación no sanaba: después de agudos dolores, supuraba, y el mal, más lento, no por ello era menos desesperado.
Sin embargo, mis pecados se multiplicaban; y cuando vinieron a arrancar de mi lado, como un obstáculo para mi matrimonio, a la mujer que vivía conmigo, hubo que desgarrar el corazón donde ella había echado raíces, y la herida sangró durante mucho tiempo. Pero ella, al regresar a África, Te hizo voto de renunciar al trato con los hombres. Me dejaba al hijo natural que me había dado. Y yo, desdichado, incapaz de imitar siquiera a una mujer, impaciente ante aquella espera de dos años para obtener la mano que me habían prometido, sin estar enamorado del matrimonio, sino esclavo de la voluptuosidad, encontré a otra mujer, como para sostener e irritar la enfermedad de mi alma, prolongando con ella aquella vergonzosa compañía de placeres hasta la llegada de la esposa. Así, la herida con que me había desgarrado la primera separación no sanaba: después de agudos dolores, supuraba, y el mal, más lento, no por ello era menos desesperado.