Que cada año hay que renovar los buenos propósitos mediante los siguientes ejercicios.
El primer punto de estos ejercicios consiste en reconocer bien su importancia. Nuestra naturaleza humana decae fácilmente de sus buenas disposiciones, debido a la fragilidad y a la mala inclinación de nuestra carne, que abruma el alma y la arrastra siempre hacia las cosas terrenales, a menos que, mediante esfuerzos continuos, tienda y se eleve hacia las cosas de arriba; como se ve a los pájaros caer enseguida a tierra en cuanto dejan de lanzarse y batir las alas para sostener su vuelo. Por eso, querida Filotea, usted necesita renovar a menudo las buenas resoluciones que ha tomado de servir a Dios, no sea que, por no hacerlo, vuelva a caer en su estado anterior, o más bien en un estado más lamentable; pues las caídas espirituales tienen la particularidad de precipitarnos siempre más abajo de donde estábamos antes de aspirar a la devoción. No hay reloj, por bueno que sea, al que no haya que darle cuerda y poner en hora dos veces al día, por la mañana y por la noche; y, además, al menos una vez al año hay que desmontar todas sus piezas para quitar el óxido que se haya acumulado, enderezar las piezas torcidas y reemplazar las gastadas. Así, quien cuida verdaderamente de su corazón debe darle cuerda en Dios por la mañana y por la noche mediante los ejercicios indicados más arriba; además, debe examinar con frecuencia su estado, enderezarlo y repararlo; y, finalmente, al menos una vez al año debe desmontarlo y examinar por separado cada pieza, es decir, todas las pasiones, todos los afectos, a fin de remediar los defectos que allí encuentre; y así como el relojero pone aceite fino en las ruedas, los resortes y todos los mecanismos de su reloj, para que funcione con mayor suavidad y no se oxide, así también la persona devota, después de desmontar su corazón para renovarlo bien, debe fortalecerlo con los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía. Este ejercicio, Filotea, reparará sus fuerzas debilitadas por el tiempo, calentará su corazón, hará revivir sus buenos propósitos y hará florecer de nuevo las virtudes en su alma.
El primer punto de estos ejercicios consiste en reconocer bien su importancia. Nuestra naturaleza humana decae fácilmente de sus buenas disposiciones, debido a la fragilidad y a la mala inclinación de nuestra carne, que abruma el alma y la arrastra siempre hacia las cosas terrenales, a menos que, mediante esfuerzos continuos, tienda y se eleve hacia las cosas de arriba; como se ve a los pájaros caer enseguida a tierra en cuanto dejan de lanzarse y batir las alas para sostener su vuelo. Por eso, querida Filotea, usted necesita renovar a menudo las buenas resoluciones que ha tomado de servir a Dios, no sea que, por no hacerlo, vuelva a caer en su estado anterior, o más bien en un estado más lamentable; pues las caídas espirituales tienen la particularidad de precipitarnos siempre más abajo de donde estábamos antes de aspirar a la devoción. No hay reloj, por bueno que sea, al que no haya que darle cuerda y poner en hora dos veces al día, por la mañana y por la noche; y, además, al menos una vez al año hay que desmontar todas sus piezas para quitar el óxido que se haya acumulado, enderezar las piezas torcidas y reemplazar las gastadas. Así, quien cuida verdaderamente de su corazón debe darle cuerda en Dios por la mañana y por la noche mediante los ejercicios indicados más arriba; además, debe examinar con frecuencia su estado, enderezarlo y repararlo; y, finalmente, al menos una vez al año debe desmontarlo y examinar por separado cada pieza, es decir, todas las pasiones, todos los afectos, a fin de remediar los defectos que allí encuentre; y así como el relojero pone aceite fino en las ruedas, los resortes y todos los mecanismos de su reloj, para que funcione con mayor suavidad y no se oxide, así también la persona devota, después de desmontar su corazón para renovarlo bien, debe fortalecerlo con los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía. Este ejercicio, Filotea, reparará sus fuerzas debilitadas por el tiempo, calentará su corazón, hará revivir sus buenos propósitos y hará florecer de nuevo las virtudes en su alma.
Los antiguos cristianos lo practicaban fielmente el día del aniversario del bautismo de Nuestro Señor; entonces, dice San Gregorio Nacianceno, renovaban solemnemente la profesión de fe y las promesas que se hacen en este sacramento. Hagamos lo mismo, Filotea, pero de todo corazón y poniendo en ello toda nuestra aplicación.
Después de haber elegido, según el consejo de su padre espiritual, el momento oportuno, y de haberse retirado un poco más de lo habitual a la soledad espiritual y real, hará una, dos o tres meditaciones sobre los puntos siguientes, según el método que le he dado en la segunda parte.
Después de haber elegido, según el consejo de su padre espiritual, el momento oportuno, y de haberse retirado un poco más de lo habitual a la soledad espiritual y real, hará una, dos o tres meditaciones sobre los puntos siguientes, según el método que le he dado en la segunda parte.