¡Oh! acuérdate, Juana, de tu patria,
de tus valles esmaltados de flores.
Recuerda la alegre pradera
que dejaste para enjugar mis lágrimas.
¡Oh, Juana, recuerda que salvaste a Francia!
Como un ángel del cielo, curaste mi sufrimiento.
Escucha en la noche
a Francia que gime:
¡Recuerda!
Recuerda tus brillantes victorias,
los días benditos de Reims y de Orleans;
recuerda que cubriste de gloria,
en nombre de Dios, el reino de los francos.
Ahora, lejos de ti, sufro y suspiro.
¡Ven a salvarme otra vez, Juana, dulce mártir!
Dígnate romper mis cadenas…
De los males que he sufrido,
¡oh, acuérdate!
Vengo a ti, con los brazos cargados de cadenas,
la frente velada, los ojos bañados en lágrimas;
ya no soy grande entre las reinas,
¡y mis hijos me colman de dolores!
¡Dios ya no significa nada para ellos! ¡Abandonan a su Madre!
¡Oh, Juana, apiádate de mi amarga tristeza!
Vuelve, «hija de gran corazón».
Ángel libertador,
¡espero en ti!
de tus valles esmaltados de flores.
Recuerda la alegre pradera
que dejaste para enjugar mis lágrimas.
¡Oh, Juana, recuerda que salvaste a Francia!
Como un ángel del cielo, curaste mi sufrimiento.
Escucha en la noche
a Francia que gime:
¡Recuerda!
Recuerda tus brillantes victorias,
los días benditos de Reims y de Orleans;
recuerda que cubriste de gloria,
en nombre de Dios, el reino de los francos.
Ahora, lejos de ti, sufro y suspiro.
¡Ven a salvarme otra vez, Juana, dulce mártir!
Dígnate romper mis cadenas…
De los males que he sufrido,
¡oh, acuérdate!
Vengo a ti, con los brazos cargados de cadenas,
la frente velada, los ojos bañados en lágrimas;
ya no soy grande entre las reinas,
¡y mis hijos me colman de dolores!
¡Dios ya no significa nada para ellos! ¡Abandonan a su Madre!
¡Oh, Juana, apiádate de mi amarga tristeza!
Vuelve, «hija de gran corazón».
Ángel libertador,
¡espero en ti!