Cristo es mi amor, Él es toda mi vida,
Es el Esposo que arrebata mis ojos;
Ya oigo vibrar su dulce armonía
En melodiosos sonidos.
Mis cabellos están adornados con piedras preciosas,
Ya brilla en mi dedo su anillo nupcial;
Se ha dignado cubrir de estrellas luminosas
Mi manto virginal.
Ha adornado mi mano con perlas sin igual,
Ha puesto en mi cuello collares de gran valor;
En este día dichoso, brillan en mis orejas
Rubíes celestiales.
Sí, estoy prometida a Aquel a quien los Ángeles
Servirán temblando por toda la eternidad;
La luna y el sol cuentan Sus alabanzas,
Admirando Su belleza.
Su imperio es el cielo, Su naturaleza es divina,
A una Virgen aquí abajo, como Madre, eligió;
Su Padre es el Dios verdadero que no tiene origen,
Él es un espíritu puro.
Cuando amo a Cristo y cuando lo toco,
Mi corazón se vuelve más puro, soy aún más casta;
De la virginidad, el beso de Su boca
Me ha dado el tesoro…
Ya ha puesto Su señal en mi rostro,
Para que ningún amante se atreva a acercarse a mí;
Mi corazón está sostenido por la gracia divina
De mi amable Rey.
Estoy toda teñida de Su preciosa sangre,
¡Creo saborear ya las delicias del cielo!
Y puedo recoger en Su boca sagrada
La leche y la miel.
Por eso no temo nada, ni el hierro ni la llama,
No, nada puede perturbar mi inefable paz;
Y el fuego del amor que consume mi alma
Nunca se apagará…
Es el Esposo que arrebata mis ojos;
Ya oigo vibrar su dulce armonía
En melodiosos sonidos.
Mis cabellos están adornados con piedras preciosas,
Ya brilla en mi dedo su anillo nupcial;
Se ha dignado cubrir de estrellas luminosas
Mi manto virginal.
Ha adornado mi mano con perlas sin igual,
Ha puesto en mi cuello collares de gran valor;
En este día dichoso, brillan en mis orejas
Rubíes celestiales.
Sí, estoy prometida a Aquel a quien los Ángeles
Servirán temblando por toda la eternidad;
La luna y el sol cuentan Sus alabanzas,
Admirando Su belleza.
Su imperio es el cielo, Su naturaleza es divina,
A una Virgen aquí abajo, como Madre, eligió;
Su Padre es el Dios verdadero que no tiene origen,
Él es un espíritu puro.
Cuando amo a Cristo y cuando lo toco,
Mi corazón se vuelve más puro, soy aún más casta;
De la virginidad, el beso de Su boca
Me ha dado el tesoro…
Ya ha puesto Su señal en mi rostro,
Para que ningún amante se atreva a acercarse a mí;
Mi corazón está sostenido por la gracia divina
De mi amable Rey.
Estoy toda teñida de Su preciosa sangre,
¡Creo saborear ya las delicias del cielo!
Y puedo recoger en Su boca sagrada
La leche y la miel.
Por eso no temo nada, ni el hierro ni la llama,
No, nada puede perturbar mi inefable paz;
Y el fuego del amor que consume mi alma
Nunca se apagará…