Aún estoy en la orilla extranjera;
Pero, presintiendo la felicidad eterna,
¡Oh! ya quisiera dejar la tierra
¡Y contemplar las maravillas del cielo!
Cuando sueño con la vida inmortal,
Ya no siento el peso de mi exilio;
Pronto, Dios mío, hacia mi única patria
¡Volaré por primera vez!
¡Ah! dame, Jesús, alas blancas,
Para que hacia Ti emprenda el vuelo.
Quiero volar hacia las orillas eternas,
¡Quiero verte, oh divino Tesoro mío!
Quiero volar a los brazos de María,
Descansar en ese trono escogido,
Y recibir de mi querida Madre
¡El dulce beso por primera vez!
Amado mío, hazme pronto entrever la dulzura
De Tu primera sonrisa;
¡Ah! déjame, en mi ardiente delirio,
Sí, déjame esconderme en Tu Corazón.
¡Instante feliz!... ¡Oh, dicha inefable!
Cuando oiga el dulce sonido de Tu voz…
Cuando vea, por primera vez,
¡El resplandor divino de Tu adorable Rostro!
Bien lo sabes, mi único martirio
Es Tu amor, ¡Sagrado Corazón de Jesús!
Si mi alma suspira por Tu hermoso cielo,
¡Es para amarte… amarte cada vez más!
En el cielo, siempre embriagada de ternura,
Te amaré sin medida y sin leyes.
Y mi felicidad me parecerá siempre
¡Tan nueva como la primera vez!
Pero, presintiendo la felicidad eterna,
¡Oh! ya quisiera dejar la tierra
¡Y contemplar las maravillas del cielo!
Cuando sueño con la vida inmortal,
Ya no siento el peso de mi exilio;
Pronto, Dios mío, hacia mi única patria
¡Volaré por primera vez!
¡Ah! dame, Jesús, alas blancas,
Para que hacia Ti emprenda el vuelo.
Quiero volar hacia las orillas eternas,
¡Quiero verte, oh divino Tesoro mío!
Quiero volar a los brazos de María,
Descansar en ese trono escogido,
Y recibir de mi querida Madre
¡El dulce beso por primera vez!
Amado mío, hazme pronto entrever la dulzura
De Tu primera sonrisa;
¡Ah! déjame, en mi ardiente delirio,
Sí, déjame esconderme en Tu Corazón.
¡Instante feliz!... ¡Oh, dicha inefable!
Cuando oiga el dulce sonido de Tu voz…
Cuando vea, por primera vez,
¡El resplandor divino de Tu adorable Rostro!
Bien lo sabes, mi único martirio
Es Tu amor, ¡Sagrado Corazón de Jesús!
Si mi alma suspira por Tu hermoso cielo,
¡Es para amarte… amarte cada vez más!
En el cielo, siempre embriagada de ternura,
Te amaré sin medida y sin leyes.
Y mi felicidad me parecerá siempre
¡Tan nueva como la primera vez!